De cinco en cinco

Decía el pasado dieciséis de mayo Sergio Batista, seleccionador argentino, que de cara a la Copa América esperaba rodear a Lionel Messi, su estrella indiscutible, de la mejor manera posible.

Hablaba de Leo como nueve indiscutible, una posición en la que ha actuado a lo largo de la temporada en el F.C. Barcelona. Pep Guardiola, decía dos semanas después de él que “hay que esperar que no se aburra y que el club le dé los compañeros que le hagan sentir cómodo”.

Según Checho Batista, el plan predeterminado no es jugar como los azulgrana, pero sí el manejar la posesión del cuero siendo pacientes, jugando por abajo y aprovechando su juego por los costados del ataque.

Llegaron al partido inaugural de la competición de la que son anfitriones sin pena ni gloria. Después de empatar frente a la débil Bolivia, puede decirse que que lo primero ha aumentado en detrimento de lo segundo.

Pocho Lavezzi y ‘El Apache’ Tévez aparecieron muy arriba, pegados a la línea de cal, como su seleccionador decía pretender, algo que provocó su desconexión del colectivo. Excesivamente descolgados, su presión poco inquietó a una zaga que no quería hilvanar jugada.

Tampoco ayudó al fútbol de toque el que la media estuviese formada por tres jugadores de similar perfil. Javier Mascherano, Esteban Cambiasso y Ever Banega, como estaba previsto, impidieron la titularidad de Lucas Biglia y Javier Pastore.

Gaby Milito y Nicolás Burdisso, centrales de similar corte, agudizaban la enorme separación entre líneas con su posición retrasada. Zanetti y Rojo apenas profundizaban, por culpa de la posición de sus compañeros en zaga y los nulos pasillos que ofrecían sus pares, alejados.

Javier Mascherano era la primera opción para la salida, el primero de los cincos en tratar el balón. A falta de movimiento de los interiores, Milito no encontraba más que a su compañero culé a la hora de iniciar jugada.

‘El Jefecito’ terminó incrustado entre los centrales con el fin de evitar que Martins diese demasiados quebraderos de cabeza en el caso de que Milito saliese en exceso con el balón. La nula movilidad de los interiores inutilizó su acción.

También Leo Messi dio varios pasos atrás, con el fin de entrar en mayor contacto con el balón. Dejó la zona de influencia del nueve, allí donde hace daño cuando se enfunda la blaugrana, y se alejó incluso del territorio del ’10’.

Apareció entre los interiores, en la zona ancha, muy lejos de su hábitat natural. Como en el pasado Mundial de Sudáfrica, se erigió organizador, llegador y matador. Por voluntad propia o de Batista, intentó ser varios siendo único.

De la idea del toque ágil, profundo y por los costados se pasó al trasero e inofensivo o al alto y desesperado, máxime después de que Bolivia se adelantase en el marcador gracias al tanto de Edivaldo y el grave error de Ever Banega.

Los problemas para Lionel se agudizaron cuando entró Ángel Di María en el lugar de Cambiasso. Pasó a ser el vértice superior de un trío central que no fue tal, pues Banega siguió sin aparecer.

A pesar de que con Di María se buscaba abrir un costado, el centrar a Tévez supuso una mayor congestión interior argentina. Messi pasó a ser ’10’, olvidando Batista que para que un mediapunta funcione, por gambeteador que sea, ha de funcionar lo que por detrás tiene.

A ello conviene sumar el defecto del individualismo generalizado, si bien del defecto vino la virtud con ‘El Fideo’ y con la entrada del Kun Agüero, a la postre salvadores del empate final uno por el centro y otro por enviar a la red el buen pase de pecho de Burdisso.

Argentina pudo incluso llevarse los tres puntos en el tramo final, jugado y a tumba abierta y en el que el Kun pudo hacer el segundo, un gol que habría sido inmerecido dado el feo juego de los de Batista.

Al término del encuentro, como a lo largo del mismo, Checho fue blanco de la gran parte de las críticas, debido a un planteamiento que de inicio parecía más acertado de lo que resultó ser, por más que su once fuese prolongación de la preparación.

Dijo Sergio al hacerse cargo de la absoluta que buscaba un cambio con respecto a la anterior etapa. Viendo el once habitual de Maradona y el de partida frente a Bolivia, así puede entenderse. Pero, ¿y el plan?

Mitad por incompetencia y mitad fruto de su envidia por la actual trayectoria de Leo Messi, Maradona obligaba a su compatriota a encargarse demasiado de la confección en una 4-2-4 sin pies ni cabeza.

El dibujo final de Argentina en el inaugural de la Copa América poco dista del de entonces, por más que algunos nombres hayan cambiado. El resultado, el mismo. Poco toque y rezar porque el exceso de individualidades logre vencer a la incapacidad grupal.

Choca a propios y extraños que un jugador de las características de Javier Pastore no haya jugado ni tan siquiera un minuto, a sabiendas de que puede ser él en enlace necesario entre media y ataque.

Checho dice apostar por jugar, con matices diferenciadores, como el F.C. Barcelona. Idéntico es el dibujo puesto en liza. Por tanto, cuanto menos similares, deberían ser los perfiles de sus hombres de medio campo. Y sin embargo no lo son.

Dando por válido el rol de cinco del pivote defensivo argentino, más implicado en la jugada que un ‘4’ moderno como Sergio Busquets o Fernando, se echa en falta la aparición de un ‘6’ y un ‘8’ albicelestes.

Por las características de los centrocampistas argentinos, incluso, la existencia de dos cincos podría no ser del todo descabellada. Tres, sin duda alguna, son un exceso, por más que dos de ellos sean falsos.

La titularidad de Ever Banega como ‘6’ (centrocampista organizador) y de Cuchu Cambiasso como ‘8’ (centrocampista llegador) puede ser bien entendida si ofrecen una movilidad inexistente frente a Bolivia, a pesar de no ser lo idóneo para sus características.

Si se recuerda el Inter de Mourinho, uno se acordará de un Esteban Cambiasso arrancando como interior con llegada. En cualquier caso, era aquel Inter un equipo con una idea bien distinta de la argentina, que buscaba transiciones rápidas o incluso jugar a la contra.

Banega, mientras tanto, se ha visto acompañado en el Valencia por el Tino Costa o Mehmet Topal, jugadores que le descargaban de responsabilidad defensiva y le permitían centrarse en la creación.

En alguna extraña ocasión el ex de Boca ha aparecido incluso con dos hombres defensivos tras de sí, jugando casi como mediapunta en la 4-2-3-1 de que dispone Unai Emery. En este diferente dibujo radica la diferente obligación.

El entramado ché, aparezca en uno u otro lado, le permite un juego más estático que el argentino, donde su juego está más focalizado en un costado y más orientado al dinamismo que en el juego posicional valencianista.

Por la inexistencia de un mediapunta, su peso será siempre mayor en su selección, más aún teniendo en cuenta que por la separación con la línea frontal y la disposición de la media le hace cubrir un espacio distinto y mayor en el terreno de juego.

Por sus características, se antoja difícil verlo rindiendo a su mejor nivel en un dibujo en el que deba desaparecer del centro del campo como mediocentro puro, por bueno que sea su trato de balón.

Por extenuante que sea su despliegue físico, algo similar ocurre con Esteban Cambiasso. En un conjunto que pretenda mantener una posesión de balón pausada, pedirle que cumpla como llegador cuando su rol tiende a ser más defensivo y menos técnico parece errar.

Sin embargo, no parece que uno u otro puedan cambiar su posición, a menos que sea por un puesto en el banquillo. Por galones, jerarquía y prestaciones, parece imposible desbancar a Javier Mascherano del puesto de ‘5’.

Bien dispuesto tácticamente, generoso en el esfuerzo, metido en los centrales, como primera opción de salida o simplemente amedrentando al trencilla o al rival, en su partido inaugural volvió a dar razones para que su valor sea incalculable.

A la sombra de los tres se encuentran en la actualidad Lucas Biglia, Fernando Gago o Fabián Rinaudo, ausente en la Copa América. Los tres cincos, los tres diferentes, pero a la vez los tres con ciertas semejanzas.

Mientras el nuevo jugador del Sporting CP guarda grandes semejanzas con Javier Mascherano; Fernando Gago llegó a ser comparado en sus inicios con Fernando Redondo por su inteligencia táctica y su recorrido a lo largo y ancho del campo.

Lucas Biglia, por su parte, es quizá el mediocentro más atípico con que cuenta actualmente Argentina. Igual de capaz que sus compañeros de selección en la recuperación, es el de mayor clarividencia organizativa.

En una escala de capacidades de circulación de balón superaría a cualquiera de los actuales mediocentros titulares. Como ocurrió en el amistoso frente a Albania, podría sustituir en el próximo envite a Esteban Cambiasso.

Por sus problemas físicos parece el interista el favorito a salir del once, si bien no es descartable que también lo haga Banega para dar entrada a Javier Pastore. Él, y no otro, puede dar el diferencial que el centro del campo albiceleste necesita.

Genial conductor del balón, buen llegador, técnico y asociativo, es el complemento ideal para Leo Messi; el hombre que descargaría a ‘La Pulga’ de bajar más allá del territorio del ’10’ a recoger el cuero y que lo compartiría con él.

Quizá sea difícil hallar un trescuartista de su calidad en el fútbol argentino, a un hombre tan similar al Kaká de sus mejores tiempos. No tanto para encontrar el tipo de centrocampista llegador que requiere una 4-3-3.

Entre los veintitrés de Batista se encuentra el ya citado Ángel Di María, jugador que conoce la posición de volante llegador después de haber actuado ahí eventualmente con Maradona, Jorge Jesus y José Mourinho.

Como ‘El Cuchu’ Cambiasso, su estilo de juego parece poco conciliable con lo que pretende Argentina, en cualquier caso. No así ocurre con algunos de los hombres que se han quedado fuera de la lista tras ser probados.

Checho ha llamado a filas en los últimos tiempos a enganches del campeonato local como Enzo Pérez, nuevo jugador benfiquista; Erik Lamela, recientemente descendido a Nacional B con River Plate; o Ricky Álvarez, jugador que puede acabar en el Arsenal.

Otros como Nico Gaitán, Pablo Aimar (Benfica) o Fernando Belluschi (Porto) o Lucho González (Olympique Marseille) tampoco han logrado desbancar a Fernando Gago o Diego Milito, quizá los dos argentinos que menor rendimiento han ofrecido esta campaña del medio en adelante.

Diferente caso pero también controvertido es el de dos de los centrales convocados, Ezequiel Garay y Gaby Milito, llamados por delante de un segundo lateral izquierdo como Monzón o Ansaldi o de Nico Otamendi, campeonísimo con Porto.

Pasado el tiempo de poner remedio a posibles defectos de fondo y después del preocupante juego y resultado en el primer encuentro de “su” torneo, es la hora de buscar poner coto a los errores en la forma de los argentinos.

Se habla del tropiezo de España en la apertura del Mundial de Sudáfrica, de los nervios del comienzo y de ser pacientes con el modelo instaurado para restar hierro al mal inicio. Siendo premisas válidas, ¿son suficientes?

La sensación es que no. El propio Checho Batista parece estar pensando en realizar permutas iniciales contra Colombia en el segundo envite, sabedor de que un nuevo error podría complicar la clasificación para la siguiente ronda.

Ciertamente, no ha de caerse en la odiosa comparación – aunque aquí se haya hecho de forma sucinta – con el juego del F.C. Barcelona, especialmente teniendo en cuenta los matices que el técnico argentino pretende incluir en su equipo.

En cualquier caso, sí parece criticable que hablase de Messi como su nueve, y sin embargo renunciase a él a las primeras de cambio. A él y a ese juego colectivo, pausado, profundo y ancho que promulgaba.

España en los inicios del Mundial erró también. Cualquiera puede hacerlo, en calidad de humano. La cuestión es, ¿puede levantarse el once argentino como lo hizo el de Del Bosque? Las credenciales de algunos de sus hombres ponen en tela de juicio que así sea.

Se criticó entonces que existiese doble pivote. Se hablaba de estorbo entre Sergio Busquets y Xabi Alonso. ¿Qué no ha de hacerse en una Argentina que va de cinco en cinco? Siquiera un cambio en la media parece necesario para buscar una mejor plasmación de la idea.

Varios periodistas españoles y sudamericanos priorizaban la claridad de ésta sobre el cambio de dibujo o de jugadores en el once. Ello se debe, quizá, a esa desaparición de Leo Messi de la posición de ‘9’ y al recuerdo maradoniano de su posición en la segunda mitad.

No valen excusas ni el recuerdo de equipos con trayectorias con un inicio similar. Si Sergio Batista quiere apostar por el estilo de juego que proclama, ha de reconocer la incapacidad de varios de sus hombres para llevarlo a cabo.

Volviendo a la idea inicial, a la 4-3-3 de partida, es factible mantenerla si la zona trasera del equipo da dos pasos adelante. Si las líneas se unen desde la defensa, Gaby Milito encontrará más fácilmente un compañero con el que combinar.

Uno de los volantes estáticos ha de pasar a ser dinámico, a ser la primera línea de pase del ‘5’. El otro, directamente ha de desaparecer. Es crucial, para que el modelo triunfe, que en la media existan varios perfiles de centrocampistas. Incluso en la zaga es recomendable que así sea, quizá con Mascherano actuando en el lugar de Burdisso.

La entrada de Javier Pastore restará responsabilidad a Messi a la hora de llevar posiciones de ataque. Podrá jugar con libertad, pero no con la libertad fingida del que aparece por todos lados. Con su libertad habitual. La que, en palabras de Guardiola, “le hace sentir cómodo”.

Dos permutas, incluso una, pueden ser suficientes. Si se apuesta por adelantar la línea defensiva y por el show de Pastore y se renuncia al “tricinquismo”, Argentina tendrá mucho camino andado.

Anuncios