Scouting de Plata: Celta de Vigo

Así les fue en la 2010/11

Eusebio Sacristán pareció ser el elegido para llevar al Real Club Celta de la transición a la gloria. Sólo lo pareció. Por ‘h’ o por ‘b’ su equipo jugaba bonito, pero no concretaba, no era efectivo. Rozar el descenso una campaña fue suficiente para que, de golpe y porrazo, se buscase una continuidad en la formación que culminase lo citado.

El elegido fue Paco Herrera, entrenador que pretendió también la pasada campaña el Real Valladolid. Con él, las transiciones pasaron de ser jugadas masticadas a engullidas, con un contrataque sin igual en la categoría y un fútbol menos preciosista, pero igualmente bello.

A falta de dinero en la caja de raudales, Carlos Mouriño decidió seguir apostando por un proyecto joven, basado fundamentalmente en jugadores de la casa y por un técnico al que no le temblase el pulso por mirar hacia los buenos mimbres que hay en A Madroa, pero que, al contrario que su antecesor, también supiese qué supone hacerse cargo de un equipo de segunda división y equilibrar la cuenta de resultados con el atractivo futbolístico.

Roberto Falcón, López Garai, Trashorras y, en menor medida, Michu, se erigieron -junto a Quique de Lucas- columna vertebral de un equipo que se quedó a un acierto en una dichosa tabla de penales de jugarse el todo por el todo por el ascenso. Dolorosa derrota, pero más que digna para un plantel que cuenta con una serie de jugadores con un futuro que se intuye de primera, como son Jonathan Vila, Iago Aspas, Álex López, Dani Abalo y, por encima de todos, sus laterales Hugo Mallo y Roberto Lago.

 

Qué se espera de ellos

Después de las esperadas salidas de Falcón (Hércules) y Michu (Rayo Vallecano) se produjeron, a lo largo del verano, dos bastante más traumáticas, las de Roberto Trashorras y López Garai. La versión oficial es que Paco Herrera los apartó por no contar con ellos, pero en Vigo se cree que la realidad es bien distinta y que la decisión de prescindir de ambos tiene más que ver con la economía de guerra post-concurso de acreedores que con la valía futbolística de uno y otro.

Sea como fuere, sean ciertas las teorías conspiranoicas o las razones ofrecidas por el club vigués, lo cierto es que los celtiñas parecen haber perdido potencial en el mercado veraniego, por más que hayan llegado hombres del calado de Mario Bermejo o el internacional chileno Fabián Orellana.

El canterano Yoel demostró ser un meta de tablas en los encuentros que tuvo que sustituir a Falcón en los dos últimos años, pero no parece ser capaz de alcanzar a corto plazo el nivel del gaditano. Si bien Natxo Insa aportará en el doble pivote una certeza en el toque del que en ocasiones carecía Michu, sin éste no habrá la misma llegada desde segunda línea; y para el último pase, mientras tanto, no ha llegado un hombre que ocupe el lugar que deja Trashorras.

La llegada de Orellana y Mario Bermejo, cierto es, ofrece una nueva vía a Paco Herrera: la capacidad de apostar por un juego más veloz y profundo, si cabe, que el que la pasada temporada los suyos llevaban a cabo. Todo ello con el fin de, al menos, repetir experiencia en promoción al final de temporada. Aunque en la comparación presupuestaria pierda con respecto a otros equipos, Vigo no se conformará con menos.

 

Tres tenores

Quique de Lucas (Barcelona, 1978). El suyo no fue el Chelsea de ‘The Special One’. Tampoco, por motivos obvios, el de André Villas-Boas (entrenador un año más joven que él). Ni tan siquiera el del ex del Real Madrid Guus Hiddink. Sin embargo, el solo hecho de haber jugado una temporada en el equipo blue dice mucho de la calidad del jugador salido de la cantera del Espanyol.

Bajo las órdenes de Claudio Ranieri jugó diecisiete partidos y compartió vestuario con dos instituciones del equipo londinense como John Terry o Frank Lampard (y eso que ya llovió). Apenas un año después, aprendido el oficio de mediapunta intenso -anteriormente había recibido críticas por su frialdad-, volvió a España para desarrollar su buen fútbol en Alavés, Murcia, Cartagena y Celta.

La primera división apenas la volvió a acariciar dos años, incomprensiblemente. A sus ya 33 años, cargado de experiencia, ha de conducir el ataque de un equipo joven al que aún puede aportar mucho.

 

Hugo Mallo (Pontevedra, 1991). A pesar de la decepción que supuso caer en cuartos de final frente al Brasil, el pasado Mundial sub-20 probablemente haya dejado un buen recuerdo en la memoria del lateral derecho marinés. Convertido en una de las revelaciones del campeonato, fue uno de los diez candidatos -el único español- a alzarse con el Balón de Oro.

Como es lógico, más con rivales de la talla de los brasileños Henrique o Danilo o del portugués Nelson Oliveira, no se alzó con el trofeo, pero la nominación sirvió como trampolín para un jugador llamado a coger el testigo de Jorge Otero o Míchel Salgado como mito del celtismo.

Probablemente un ascenso sea la única opción del Real Club Celta de retenerlo la próxima campaña, pues su proyección invita a pensar en él como integrante un gran proyecto en un plazo de tiempo no excesivamente largo, dada su técnica, su buen trato de balón, su facilidad de incorporarse al ataque y su buen físico.

 

David Rodríguez (Toledo, 1986). Todo aquel que acusase a David Rodríguez de ser un delantero falto de gol habrá tenido que comerse sus palabras después de ver los diecisiete anotados la pasada temporada, la de retorno al Celta de Vigo.

Tuvo que llevar durante toda la campaña el peso anotador de un equipo con buenos surtidores en segunda línea, pero que no termina de destaparse como excesivamente goleadora. Él, en cambio, completó su mejor temporada en este sentido desde que es profesional, superando la marca de catorce perforaciones que hizo en la UDS.

Una vez salidos Michu y Trashorras del equipo y llegado Mario Bermejo, es bastante probable que desaparezca como referente y aparezca unos metros por detrás del cántabro, allí donde, pese a los números citados, más daño hace: en tres cuartos.

 

El fichaje estrella

Fabián Orellana (Santiago, Chile, 1986). Destacó hace ya tres años en el prestigioso torneo francés de Toulon, en el que la selección chilena sub-23 dirigida por Marcelo Bielsa cayó ante Italia en la final. Allí llamó la atención de los siempre avispados ojeadores del Udinese italiano, que se hizo con su ficha.

No lo llamó a filas, sin embargo, sino que lo cedió primero al Xerez y luego al Granada. Entre uno, otro y la selección absoluta de su país, con la que se enfrentó a España en el pasado mundial, se terminó de hacer un nombre en el fútbol español. No así con un hueco en la máxima categoría, que buscará alcanzar con el Celta de Vigo en la que es su tercera cesión en nuestro fútbol.

Lo hará a partir de su velocidad y electricidad, de su capacidad de driblar por dentro y por fuera y de trabajar o crear espacios en función de lo que su equipo requiera.

 

El míster: Paco Herrera

El técnico catalán atesora experiencia suficiente como para considerarse un experto en estas lides. También lo es en lo que a labor de cantera se refiere, pues con ellas ha trabajado en distintos clubes. Entiende, a su vez, qué supone tener que apretarse el cinturón y firmar lo que buenamente se pueda, después de haber sido director deportivo en diferentes clubes.

Afronta su segunda temporada en Vigo con el objetivo mínimo marcado de repetir clasificación para el play-off de ascenso a la primera división. Lo hace con una plantilla joven, pero aderezada de un puñado de veteranos de calidad que han de colaborar con él en las labores formativas de los jugadores que ocasionalmente asciendan del filial o juvenil.