Un loco y su alumno aventajado

En la previa del enfrentamiento entre Athletic de Bilbao y Fútbol Club Barcelona, sus dos entrenadores se colmaron de halagos. No se debió a una simple cuestión de cortesía, o no únicamente a ello, tal y como suele ocurrir cuando Pep Guardiola se refiere a su próximo rival.

También con posterioridad a ese empate a dos que deja a los culés a tres puntos del Real Madrid hubo buenas palabras. Tampoco fue un detalle cuidado hacia la galería, sino una muestra real de admiración provocada por la mayor oda al fútbol llevada a cabo en lo que va de Liga.

Ciertamente, antes el Real Madrid había avasallado a un nuevo rival con un fútbol que es cada vez más alemán y preciosista, pero con todos los respetos hacia Osasuna, los pamplonicas no fueron rival por la obstinación de su entrenador con sus idearios.

Se amparan, quienes lo hacen, en que su ideario es un suicidio cuando se enfrenta a rivales mayores. En que salir al campo de batalla con el torso al descubierto es una valentía estúpida cuando se es consciente de la puntería del francotirador rival.

Él, sin embargo, no pliega. Si ha de morir, como dicta la razón, que sea con la personalidad con que ha vivido. Siendo fiel a sus principios, José Luis Mendilibar ha recibido esta misma temporada siete goles del Real Madrid y ocho del FC Barcelona. Anteriormente, cuando entrenaba al Real Valladolid, ya recibió seis de los culés y siete de los merengues por una fidelidad que algunos creen malentendida por el vasco.

Como entrenador, el de Zaldibar es único por varias y variadas razones. Sin embargo, no puede presumir de ser el único pertinaz, el único empecinado de ideario inamovible en las alabanzas y en las críticas.

Los dos entrenadores que tantas flores se enviaron antes y después del Athletic de Bilbao – Barça, Marcelo Bielsa y Pep Guardiola, como el míster osasunista, hacen gala en cada encuentro de un infatigable empeño similar.

La admiración que Pep y Bielsa se profesan proviene de un encuentro que ambos mantuvieron cuando el hoy técnico culé todavía no había comenzado su carrera en los banquillos. Seguro de que acabaría dedicándose a ello, viajó a Argentina en busca de entrenadores con los que compartir mesa y mantel o barra de bar.

Así, departió con Ricardo La Volpe, César Luis Menotti -el instigador de esa corriente de fútbol preciosista que es el menottismo y que ocupó hace años el banquillo en que ahora se sienta Pep-… y Marcelo Bielsa.

Mientras Menotti le animó a dedicarse a entrenar para encontrar alguien con quien repartir las críticas, Bielsa cuestionó las pasión que Pep mostraba por la profesión. Su encuentro en la casa del técnico, en Rosario, se prolongó durante más de once horas. En palabras del escritor y director David Prueba, amigo de Guardiola y testigo del encuentro, “allí hubo discusiones acaloradas, consulta al ordenador, repaso de técnicas, puesta en escena de posiciones…”.

Tras tanto debatir, una pregunta formulada por el argentino, les unió para siempre. “¿Por qué usted, que conoce toda la basura que rodea al mundo de fútbol, el alto grado de deshonestidad de cierta gente, aún quiere volver ahí, y meterse además a entrenar? ¿Tanto le gusta la sangre?”. Pep, sin musitar, reconoció: “Necesito esa sangre”.

Desde entonces, hasta su enfrentamiento en La Catedral, no encontraron el momento y el lugar para volver a encontrarse. Para demostrarse el respeto y admiración adquiridos frente a frente.

Sí lo habían hecho en repetidas ocasiones vía telefónica. El hoy entrenador del Athletic, sin ir más lejos, es uno de los principales partícipes del fichaje de Alexis Sánchez por el FC Barcelona.

Pep, como ‘El Loco’, no concede entrevistas personalizadas. Ante el posible agravio que supondría atender más a medios con poder por encima de otros de menor relevancia, prefiere el agravio de someterse únicamente a las preguntas de los periodistas en rueda de prensa.

En ese entorno ambos se mueven como pez en el agua. No hay más que fijarse, como muestra, en las más de dos horas de duración de la conferencia de prensa en la que Marcelo Bielsa anunció su salida de la selección chilena por discrepancias con el nuevo presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Nacional de Chile.

Guardiola jamás se ha extendido tanto. Aún. Probablemente, el día que anuncie su salida del Camp Nou lo haga. Cuestión de honestidad. Para consigo mismo y quienes le rodean. Así lo hizo cuando anunció que dejaría de vestir la camiseta blaugrana, cuando afirmó querer dejarla en un momento álgido, y no en uno decadente.

Que habrá una segunda marcha es algo que quien conoce un poco a Pep sabe. El estrés al que se ve sometido, por la presión a la que él mismo se somete, desencadenará tarde o temprano en el ansia de nuevos retos. Cuando no se sienta cómodo, cuando algo en el entorno se enrarezca o lo enrarezca, volverá a irse.

Entonces hablará largo y tendido. Probablemente, no sólo de lo que pasa en el campo. También de lo que lo rodea. Bielsa así lo hizo en las dependencias de la federación chilena cuando dijo que sin feeling no hay bielsismo. Que tarde o temprano vaya a ser un punto común entre dos técnicos a nadie debe extrañar, teniendo en cuenta que la dimensión de ambos tiende a extenderse más allá del césped.

El intervencionismo de Marcelo Bielsa fue tan lejos en Chile que sin él no ha sido capaz de darse continuidad a un modelo de scouting vertebrado por sus enormes conocimientos sobre fútbol base, tanto en selecciones como en clubes. Su labor sirvió para terminar de profesionalizar las categorías inferiores chilenas, por metodismo y exigencias, pero aún se encuentra pendiente de perpetuarse por la ausencia del eslabón más importante de la cadena.

Pese a la gran confianza que Bielsa deposita sobre su equipo de trabajo, su puesto se encontraba tan arriba en la pirámide jerárquica de las selecciones chilenas que su idea pasaba por dirigir al conjunto sub-20 en las competiciones de la categorías previas a los Juegos Olímpicos, donde pretendía -en caso de lograr la clasificación- estar también en el banquillo.

Decir que Pep Guardiola ha sido pionero en el actual modelo de trabajo culé sería caer en una falacia. Restarle importancia a su forma de entender la base en todo el entramado barcelonista, una estupidez. Porque, cierto es, el trabajo de cantera en Can Barça se viene haciendo desde antes incluso que él fuese jugador profesional, pero si ha adquirido tal magnitud es en parte gracias a su continua apuesta por jugadores de la base.

Siguiendo una línea propia pero continuista, Guardiola ha hecho debutar a diecinueve jóvenes valores, cifra nada desdeñable teniendo en cuenta la continua exigencia de competición de un equipo tan acostumbrado a ganar. No todos han tenido -ni tendrán- continuidad, pero sirven como culmen de una forma de entender las categorías inferiores muy similar a la que Bielsa tiene.

Cuando el argentino llegó a Bilbao, después de rechazar otros banquillos quizá más apetecibles como los de el Sevilla o Inter, manejaba ya vídeos de informes de gran parte de la cantera bilbaína. Conocedor de la idiosincrasia del Athletic, buscó adaptarse al medio antes siquiera de tener la certeza de ir a ser su técnico.

A los valores hace tiempo se adaptó. Como Pep. Salido de La Masía, conoce de primera mano la labor que el FC Barcelona desempeña en la base. Y, sin embargo, también tuvo un proceso iniciador: la obligación de hacer para el filial una plantilla de veintidós jugadores con sólo seis entrenamientos para conocer a más de sesenta piezas, las formantes del recién descendido Barça B y del Barça C, desaparecido como consecuencia de la caída del segundo equipo a la tercera división.

Debió recordar las palabras de Bielsa después de aquel asado en Rosario. “Pep, a los buenos jugadores los vemos vos, yo y la mayoría de la gente. Pasa lo mismo con los jugadores malos. El mérito está en advertir y saber que el jugador normal va a ser bueno”.

Acertó hasta tal punto que su equipo consiguió sin paliativos el ascenso para el que fue contratado, se convirtió en tan solo un año en entrenador del primer equipo y dos de los jugadores con los que contó, Pedro y Busquets, son hoy campeones del mundo y titulares en un once de gala que aspira a surtirse de un modelo de cantera llevado a la máxima expresión (véase La Masía, como un laboratorio).

No con tantos hombres, pero algo similar debió hacer Bielsa. Después de descartar en base a los informes hechos y recabados a varios, debió probar a quienes venían de estar cedidos, a quienes formaban parte del primer equipo y a canteranos varios. No conforme con ello, varió la posición de algunos de los supervivientes en busca de algo que ambos valoran enormemente: la versatilidad.

Adriano, Abidal, Alves, Mascherano, Busquets o Cesc son varios de los hombres que más ha movido Guardiola de posición en lo que va de temporada. Gurpegi, De Marcos o Javi Martínez, los que más han jugado fuera de su posición natural en el Athletic. La intención de Pep y Bielsa es clara: cubrir posibles o latentes eventualidades con jugadores que cuentan con su máxima confianza y perfeccionar variantes tácticas con las que sorprender al rival con cualquier mínimo detalle.

Javier Mascherano, actual jugador del FC Barcelona, debutó en la selección argentina a las órdenes de Bielsa. En una entrevista concedida a El País en marzo de este año, hizo significar las semejanzas entre ambos. “Guardiola, por el fanatismo con el que vive el fútbol, me recuerda a Bielsa. Los dos piensan más en el arco de enfrente que en el suyo, en cómo hacer daño al atacar”. Eso sí, ‘El Jefecito también ve diferencias. “Marcelo es más directo, más vertical; el Barça busca más la pausa”.

El manejo del cuero, de una forma y otra, se busca a través de la intensidad. Baste recordar al Barça de los seis títulos y a la Chile del Mundial para ver que, en cuanto sus pierden el balón, buscan recuperarlo con celeridad para manosearlo los del técnico de Santpedor y buscar sestar una puñalada letal los del argentino.

En contra del pensamiento generalizado, ni unos ni otros corren tanto. Al menos no grandes distancias. Mascherano, acostumbrado a ocupar una amplia zona de terreno de juego, reconoció en aquella entrevista que ahora corre menos. La razón, la importancia que Pep da al juego posicional. Una relevancia que en el ideario de Bielsa es tal que en ocasiones realiza ejercicios de posicionamiento en situaciones de once contra once sin que exista balón de por medio.

Busca, con este tipo de prácticas, que todas sus piezas sean una. Que la buena disposición mostrada sobre el césped ahogue al rival. Que sus jugadores ahorren esfuerzos, y que sin embargo den una sensación de trabajo estajanovista. Que la defensa sea la primera línea de ataque y que el atacante sea su primer defensa.

Sobre esto, según Pep, “Bielsa siempre dice que cuando no se marcan goles no hay que mirar hacia los delanteros, sino a la línea defensiva. Cuando no se marcan goles es porque no hemos generado juego. Y si no te hacen goles, se lo tienes que agradecer a la delantera”, opinión que el catalán comparte y planteamiento que pone en práctica.

En contra de lo que algunos parecen pensar, Guardiola cree que “el Athletic ya es de Bielsa, ya es reconocible”. Los que no opinan así se escudan en que ‘El Loco’ busca que sus equipos hilvanen con paciencia y tiento, como si el hecho de rasear el cuero ralentizase sí o sí la transición defensa-ataque.

Con Marcelo Bielsa en el banquillo el Athletic de Bilbao expone un fútbol vertical como lo hacía Joaquín Caparrós, con una clara diferencia: mientras las pasadas temporadas el balón acostumbraba a buscar por alto a Fernando Llorente en apenas uno o dos toques, éstos han pasado a tres o cuatro más y a dirigirse a banda a ras de césped.

Defensivamente, Guardiola definió bien al equipo de Bielsa en la previa. “Son muy agresivos, no te dejan respirar, llegan siete al área, pierden la bola y defienden once. Sus partidos son todo arriba y abajo, arriba y abajo, sin parar”, dijo, algo que pudo comprobar después en el que es, hasta la fecha, el mejor partido disputado en lo que va de competición liguera.

El técnico argentino, antes del encuentro, habló de la recuperación de la multifunción por parte de Pep Guardiola. Más que de recuperación, quizá debió haber hablado más bien de que el entrenador barcelonista volvió a ponerla de moda, pues el propio Bielsa jamás ha abandonado ese concepto.

Prueba de ello es Fernando Llorente, jugador que parece haber empequeñecido con la llegada del rosarino a La Catedral, y que sin embargo, lo que en realidad ha hecho, ha sido multiplicarse. Como Guardiola señalaba, no es extraño verle realizar una asfixiante presión al central de turno o recular treinta metros para recuperar el balón.

Caso similar es el de Iker Muniain, si bien el pequeño extremo, por condiciones físicas, ha logrado acoplarse más rápido que el punta a lo que Bielsa requiere de él. De ahí el crecimiento de su influencia. Su mayor desgaste lo convierte en un jugador más participativo. Sus cualidades, en resolutivo.

En medio la vorágine de preguntas sobre aquellas once horas de puro fútbol y la influencia que la charla ejerció sobre Pep Guardiola, éste reconoció a Bielsa como “distinto a todos los entrenadores del mundo”. Como ha hecho más de una vez, no quiso restar mérito a técnicos con los que sí trabajó en su formación, aunque las similitudes entre ambos a la hora de trabajar son claras.

El argentino no quiso autoproclamarse maestro de nadie. Más bien todo lo contrario. “Esa condición exige que uno posea conocimientos que el destinatario no tiene”, dijo, para añadir que, en su opinión, “no tengo conocimientos que Guardiola no tenga, y a partir de que el otro no ignora lo que uno sabe el fenómeno pedagógico no se puede dar”.

Son muchos, sin embargo, los que aciertan a ver aquellas once “minuciosas agradables” horas como de una vital importancia para el técnico culé. Con matices tácticos, procedentes de ese trabajo con otros entrenadores al que Pep suele hacer alusión y de los conocimientos propios de un entrenador de La Masía, lo cierto es que los métodos uno y otro se parecen más de lo que quieren reconocer.

Probablemente sean esos matices los que han llevado a Pep en convertirse en alumno aventajado. Que al maestro no le hayan acompañado los resultados tanto como sus partidarios habrían querido se debe a su peculiar carácter, por el cual en varias ocasiones ha rechazado banquillos jugosos en los que quizá ganar títulos.

Probablemente, por su habitual discurso comunicativo, ellos jamás hablen de maestro y alumno. Aunque así sea, dando por sentadas las premisas de que Guardiola ha bebido de otras fuentes y de que el bielsismo puro no lo sigue nadie más el propio Bielsa -y quizá Claudio Borghi-, los conceptos futbolísticos que uno y otro exponen jamás podrán ser disociados. Porque sin duda alguna, sean o no clase magistral, once horas con ‘El Loco’ unen.

La Masía, como un laboratorio

Desde hace veinte años, el Barça confía en su cantera. La propuesta fue de Cruyff, pero curiosamente la decisión la tomó Núñez, un presidente que siempre se había distinguido por fichar a los mejores futbolistas del mundo. Oriol Tort fue el alma del proyecto que dos décadas más tarde arroja unos frutos excepcionales. Cuando Louis van Gaal expresó su deseo de que el Barça ganara algún día la Champions con once futbolistas de la casa, las carcajadas recorrieron el entorno barcelonista, pero ese sueño está hoy mucho más cerca. De hecho, en la Champions conquistada en Roma jugaron ocho hombres salidos de La Masía y otros dos se quedaron en el banquillo. Más de la mitad de las fichas del primer equipo está hoy en manos de canteranos, así que el reto imposible de Van Gaal ya está al alcance de la mano, en especial ahora que Guardiola ha tomado la decisión rotunda de que los próximos fichajes sean del Barça B, justo cuando Wenger acaba de manifestar que se le está acabando la paciencia con los jóvenes…

 

Al infierno y no por casualidad

Mayo de 2007: el Barça B se precipita al infierno de la Tercera División, arrastrando al ‘C’ a la práctica desaparición. No es casualidad, sino resultado de una gestión errónea desde todos los puntos de vista. El Barça B es un equipo sin alma ni futuro, sin objetivos concretos y mesurables, casi un equipo de compromiso para una directiva que ha puesto todo el interés en los éxitos del primer equipo. Cortoplacismo puro. El filial predestinado a nutrir de figuras al club está ahora abocado a una categoría infernal, la de los olvidados. Las condiciones competitivas y de maduración se empobrecen y la distancia con el primer equipo se agiganta.

Pero más allá de lo que significa el descenso en cuanto a la gestión del segundo equipo, la pérdida de categoría subraya las deficiencias de la estructura y del propio sistema formativo del Barça. El filial no se sostiene como equipo, pero además no ha habido en toda la cantera capacidad suficiente ni recursos humanos de categoría para ayudarle a evitar el desenlace. A nivel macroestructural, el Barça Atlétic ha adquirido todos los rasgos de los equipos modestos, poco competitivos y sin ambición: un equipo insustancial, anodino y terminal cuyo único objetivo tangible es no perder la categoría en finales de temporada agónicos.

El filial carece de guión. A nivel microestructural, es un equipo donde los buenos jugadores apenas duran. No existen parámetros de medición que configuren la hoja de ruta imprescindible para la formación del jugador una vez terminada la edad juvenil. Salvo los que destacan poderosamente, el resto languidece en el ‘B’ a la espera de una oportunidad que jamás llega. Sí, Rijkaard ha ascendido a Messi, Bojan y Gio Dos Santos y el barcelonismo parece satisfecho con los frutos de la cantera, pero en realidad no existe un flujo continuado: el filial no es el proveedor oficial del primer equipo, sino sólo un pequeño rellano en el que se detienen las grandes figuras antes de dar el salto. Además, han proliferado los fichajes externos de futbolistas sin proyección real, que simplemente llegaban para ayudar al filial a salvar la categoría y a cambio ralentizaban el proceso formativo de los más jóvenes, cuando no lo cercenaban. El sistema y el marco de desarrollo del filial quedan retratados con el descenso a Tercera: es un sistema anquilosado, arcaico, confuso e inadecuado a la realidad del siglo XXI.

 

La catarsis y el guión

Hay que hacer catarsis y la directiva de Laporta lo comprende. Llega Guardiola y llega un guión: primero, recuperar el ‘B’; más tarde, el Juvenil; sólo después (y eso ha sido hace apenas un mes) las categorías formativas inferiores hasta llegar al benjamín. Les explico detalladamente en qué consiste el guión que diseñaron Guardiola y su gente en 2007. Como conceptos, se organiza en tres ejes:

1. Entorno logístico

2. Perfil gestor

3. Organigrama técnico

 

La premisa básica de los nuevos tiempos es que el talento no basta para ser competitivo. Hay que ser profesional y modernizarse. La Ciutat Esportiva es clave porque permite enclaustrar a los jugadores en un entorno profesional, rodeados de recursos tecnológicos que permitirán seguir sus entrenamientos y trayectorias, corregirles y formarles, acercarles a la élite. Un laboratorio de I+D para inculcar el estilo futbolístico a unos jugadores que empiezan a saber lo que significa ser profesional.

Los gestores son conocidos: Guardiola primero, Luis Enrique más tarde. Y finalmente, estas semanas los nuevos cambios de organigrama y técnicos para seguir profundizando en las ideas nacidas en 2007. Gestores elegidos porque saben combinar el máximo rigor profesional con un trato cercano y cariñoso en clave competitiva. Gestores que se convierten en líderes. Líderes que hacen una propuesta concreta en materia deportiva:

1. Competitividad

2. Formación

3. Cultura deportiva

 

El Barça ‘B’ ya no será un simple peldaño de transición, sino que empieza a ser considerado y gestionado como un equipo más: joven, pero con el mismo interés por competir que cualquier otro. Pero no competir sin objetivos, sino para obtener el máximo: ser campeón en la categoría en que milite. Y con altísima competitividad interna: quien se duerma pierde el puesto porque siempre hay otro, o incluso algún juvenil, dispuesto a ocuparlo. Además, debe lograrse respetando los parámetros formativos impuestos: jóvenes que aprenden a diario el oficio, que son corregidos global o individualmente, que aprenden estrategia, táctica y comportamiento en el campo y fuera de él.

La llegada de ex futbolistas de alto nivel a esa estructura aporta un plus en cuanto a infundir los valores de una verdadera y creíble cultura deportiva. Más que deportiva, deberíamos hablar de cultura del esfuerzo. Una cultura deportiva fundamentada en valores alejados del glamour o el pedigrí frívolo de pertenecer a un club como el Barça y formar parte de su cantera en tanto que potenciales figuras del futuro. Cada día, cada entrenamiento, cada charla se impregna de valores tales como esfuerzo, sacrificio, respeto, responsabilidad, humildad, rigor, profesionalidad, exigencia, ambición, solidaridad, constancia y generosidad. Valores que expresan entrenadores que han sido grandes campeones y que deben ponerse en paralelo con el objetivo competitivo: ¿qué mérito tendrá dentro de veinte años, les preguntan Guardiola y Luis Enrique, decir que jugasteis en el Barça B si no fuisteis capaces de subir de Tercera División?

 

Vertebradores y perlas

En resumen, se definen unos valores ideológicos para el Barça B marcando límites y ambiciones competitivas, dotando al equipo de una logística técnica y humana innovadora para obtener un doble objetivo: que sea un conjunto de profundas raíces formativas, pero con altísima capacidad de competir en cualquier categoría. Y de aquí surge un plan microdetallado que divide a los jugadores en dos grandes categorías:

1. Los vertebradores

2. Las perlas

 

Los primeros son los que ‘sujetan’ al equipo competitivamente sin que tenga trascendencia excesiva su procedencia, si han sido fichados o si superan el promedio de edad del conjunto.

Son jugadores por lo general algo mayores a la media, experimentados, sobrios y sin excesos, ubicados de forma estratégica por líneas para mantener el ritmo competitivo sin frenar el crecimiento de los segundos, las perlas, los señalados con un asterisco rojo por su valor especial y que siguen un proceso pautado, estratificado, prudente, sin prisas, que permita maximizar su progresión formativa. El promedio del equipo ha de tener entre dos años y dos años y medio de competición profesionales como media.

Para definir a los ‘vertebradores’ se tiene en cuenta la edad, tipología, perfil futbolístico y durabilidad. Como mínimo han de tener 21 años y como máximo, 26. Deben repartirse homogéneamente por las distintas líneas, para ejercer como sostén de seguridad para los más jóvenes. Y como máximo estarán dos años en el B a fin de evitar que frenen a los de abajo. Su objetivo individual será brillar en el segundo equipo de la ‘marca Barça’ para lograr con posterioridad una salida profesional relevante. A esta regla de las dos temporadas se aplica una excepción en caso de lesión importante. Jugadores con este perfil son o han sido Córcoles, Espasandín, Chico, Dimas, Abraham, Longás, Xavi Torres, Víctor Vázquez, Benja, Armando, Nolito, Edu Oriol o Jonathan Soriano. El de menos duración en el equipo ha sido Chico, con sólo seis meses; y el de mayor, Víctor Vázquez, que ya suma el cuarto año a causa de la grave lesión que sufrió. El ‘B’ tendrá cada año varios hombres de este perfil: los que sujetan el esqueleto en el orden competitivo y permiten el crecimiento de las perlas.

Desde este punto de vista es como se comprende la actual petición de varios futbolistas externos por parte de Luis Enrique: el mediapunta Carlos Carmona (23 años, ex Recre) o el delantero Saúl Berjón (24 años, ex Las Palmas).

 

Tres fases obligatorias

Las perlas proceden del Juvenil y se agrupan en dos bloques esenciales: juveniles totalmente formados (que entre uno y dos años deberán dar el gran salto) y juveniles de último año, que tendrán un margen de entre 1,5 y 2,5 años para confirmarse. Se los estratifica en tres fases:

Fase 1. Reserva-rotación: su única obligación es competir. No se espera de él nada determinante ni se penalizan sus errores. Se pretende que conozca el medio profesional y adquiera minutos.

Fase 2. Rotación-maduración: el jugador ya siente que forma parte permanente de la estructura y ha de tomar conciencia de que su aportación es decisiva: es corresponsable del rendimiento general.

Fase 3. Jugador clave: Esta fase define el futuro de la perla. Entra en el grupo de los jugadores más próximos al primer equipo y adquiere el status de jugador clave del ‘B’. Acumula dos fases más que la mayoría de sus compañeros por lo que tiene la obligación de tirar del equipo y garantizar su competitividad. Es responsable directo de la evolución del equipo. Ha de estar en tensión constante por si es llamado por el primer equipo. Su futuro se decide en esta fase.

Para cada una de estas fases se fija un período de entre 6 y 9 meses. El futbolista que llega al ‘B’ lo hace procedente del Juvenil, bien una vez finalizada su etapa juvenil y entonces tiene dos años para triunfar en el ‘B’; bien todavía en último año de juvenil y el período se amplía a 3 años. En cualquier caso, a los 21 se evaluará definitivamente su progresión y potencial y el posible salto al primer equipo del Barça. De no ser factible, habrá adquirido un perfil reconocible y unos valores excelentes que le permitirán proseguir su carrera profesional en otros clubes.

 

El gran laboratorio de I+D

Su desarrollo será equilibrado, ni demasiado deprisa, lo que sería perjudicial, ni tan lento que le hiciera acomodarse sin progreso. Si el talento es deslumbrante se pueden acelerar los plazos, pero no se evitan las tres fases. Si acaso, se reduce su duración, pero no se saltan las etapas. Es por esa razón que en ocasiones el cuadro técnico ha adoptado decisiones que parecían contradictorias, al subir y volver a bajar a futbolistas entre los distintos equipos. Pero todo ello obedece a la programación indicada y no a caprichos. En el capítulo de los jugadores-perlas, la lista que se ha manejado en las tres últimas temporadas ha sido la compuesta por hombres como Marc Valiente, Victor Sánchez, Jeffren, Urbano, Rueda, Marc Crosas, Toribio, Pedro, Pau Torres, Oier, Iago Falqué, Alberto Botía, Bolaños, Sergio Busquets, Jonathan, Thiago Alcántara o Gai Assulin. Como es lógico, algunos de ellos alcanzaron el primer equipo (y son campeones mundiales, incluso), otros están a un paso de hacerlo; algunos llegaron y no pudieron confirmar su talento; y otros ya abandonaron el club.

El curso pasado, las perlas que manejaba el ‘B’ incluían a Miño, Fontàs, Martín Montoya, Carles Planas, Rochina, Oriol Romeu, Masip, Benítez, Bartra, Muniesa, Sergi Gómez, Albert Dalmau, Luque, Riverola y Sergi Roberto, nombres que pueblan las selecciones españolas inferiores y colaboraron poderosamente en el ascenso a Segunda División. El proceso para todos ellos continúa imparable, incluso más fuerte que nunca a partir del nuevo organigrama técnico establecido hace unas semanas separando el fútbol profesional (incluyendo al juvenil) del formativo. Ese organigrama oficializa los planes diseñados en 2007 por Guardiola y Luis Enrique y modifica estructuralmente el concepto de la cantera en el Barça. Ya no es una bolsa de jugadores a la que acudir en caso de apuro, sino una auténtica escuela de formación, con sus planes y fases estrictamente programadas y mesurables y con sus objetivos pautados. Ahora mismo se ha convertido no sólo en un laboratorio de investigación y desarrollo avanzado, sino en la decisión estratégica más importante del Barça en la última década.

 

* Publicado por Martí Perarnau en el Diario Sport el 8/09/2010.

La exigencia de la competencia

Después de reeditar su victoria en la Liga BBVA y de lograr un nuevo título europeo, el año próximo el F.C. Barcelona se encontrará ante la temporada más exigente desde la llegada de Pep Guardiola al banquillo.

La campaña recién terminada ha sido, en lo anímico y lo futbolístico, la más difícil de las que el de Santpedor ha tenido que afrontar hasta la fecha. A pesar de resultar victorioso, la lógica alegría ha dejado pronto paso a la obligación.

Tan pronto como terminó el pasacalles en honor al triunfo en la Champions League, Pep volvió a destacar como clave del éxito la sed de victoria de un conjunto insaciable y lanzó un mensaje de necesidad a su directiva: Ha de darse a corto plazo un salto de calidad.

La competencia, personificada en el Real Madrid, apremia. La bicefalia se ha impuesto en el campeonato regular con suma facilidad, pero la batalla entre merengues y culés ha dejado exhausto al núcleo barcelonista.

A pesar de ser poco amigo de las rotaciones, José Mourinho ha manejado a lo largo de la temporada un mayor número de piezas hechas al nivel de competición requerido que su rival en Can Barça.

Álvaro Arbeloa, Raúl Albiol, Lass Diarrà, ‘El Pirata’ Granero, Kaká, Higuaín y Adebayor ofrecían, en su suplencia, un plus de competencia que encontraba parangón en el bando enemigo únicamente en Adriano, Mascherano, Keita y Afellay.

En el tercer escalón de competitividad, el Real Madrid ha tenido a Garay, Pedro León, Gago y Canales. El F.C. Barcelona, a Maxwell, Milito, Jeffren, Bojan y varios canteranos que no por tener un enorme potencial han de ser ya exprimidos.

Que la clase media madridista es superior a la azulgrana es un hecho conocido y reconocido. Que Pep Guardiola reclamaba aumentar el nivel competitivo de la suya cuando hablaba de “rodear a Messi”, también.

Comenzó la temporada con apenas diecinueve jugadores, que se convirtieron en veinte con la llegada de Ibrahim Afellay en el mercado invernal; frente a los veinticuatro de inicio y veinticinco postreros madridistas.

Andreu Fontàs y Thiago Alcántara fueron los favoritos a la hora de completar el equipo en los microciclos de menor intensidad y en los intantes en que las lesiones obligaban a tirar también de los Bartra, Jonathan Dos Santos o Nolito.

Todos ellos y alguno más como Martín Montoya, Sergi Roberto o Gerard Deulofeu tienen potencial suficiente como para pensar en ellos como jugador del primer equipo una vez completen un periodo de formación aún no concluso.

A la diferencia ya citada ha de sumarse el hecho de que Florentino Pérez ha acabado con la lucha interna entre Mourinho y Valdano y dado plenos poderes a un entrenador que ha logrado ya hacerse con Hamit Altintop, Nuri Sahin y José Callejón.

Los dos primeros, por encima del tercero, conocen el nivel de exigencia máxima que supone competir por títulos y a nivel internacional, además de ser valores seguros en el modelo de juego de Mourinho, dadas sus características.

A falta de saberse quién será el fichaje de campanillas de esta temporada, Fábio Coentrão convertirá a Arbeloa definitivamente en lateral derecho y doblará el costado izquierdo, donde probablemente se imponga a Marcelo en la pugna por la titularidad.

Lassana Diarrà y Kaká pueden abandonar, como Enmanuel Adebayor, el segundo escalón de competición. Con la duda de si José Callejón será capaz de formar parte de él, frente a las tres salidas, habrá al menos cuatro entradas.

De ser así, el técnico portugués manejará cerca de veinte piezas de primer nivel, frente a las quince – una de ellas, Adriano, forzada – de Guardiola esta temporada. De esta diferencia nace el ansia culé de reforzarse.

No se esperan refuerzos para ser titulares, pero sí con capacidad de serlo. El once tipo actual es el bloque sobre el que se cimientan las victorias, pero necesita de más hombres como Mascherano para seguir edificando gloria.

Mientras el Real Madrid ha decidido no renovar a Jerzy Dudek y permitir de forma definitiva el cambio de jerarquía de Adán, en la Ciudad Condal apuestan todavía por José Manuel Pinto, a la espera de la confirmación del potencial de alguno de sus metas canteranos.

Masip, Oier y Miño han alternado titularidad y entrenamientos con el primer equipo, si bien parece este último, internacional sub-21, el más preparado para competir en la élite a medio plazo.

Esteban Andrada, portero argentino de Lanús, suena para competir a las órdenes de Eusebio Sacristán, sustituto de Luis Enrique, y dejar sin sitio a Masip o un Oier que llegó a debutar de la mano de Frank Rijkaard.

Otro nombre relacionado con el filial y que podría estar a caballo con el primer equipo es José Ángel, lateral izquierdo del Sporting de Gijón. A pesar de partir con ficha de canterano, su firma podría suponer la salida de Maxwell.

En contra del brasileño juegan su escaso rendimiento y la continua controversia creada por su representante Mino Raiola, empresario contrario a Guardiola que maneja también los intereses de Zlatan Ibrahimovic.

Gaby Milito puede encontrarse también la puerta abierta con la ascensión definitiva a la primera plantilla de Andreu Fontàs y el reciclaje en esa posición de Mascherano. La salida será un hecho si, como se rumorea, llega Thiago Silva.

Por las restricciones impuestas por Sandro Rosell, parece poco probable que se pueda acometer este refuerzo o el de José Enrique, lateral izquierdo del Newcastle, si bien hay que contar con la deuda que mantiene el AC Milan con los azulgranas.

En caso de no disponer de líquido, el buen central brasileño podría llegar a la Ciudad Condal. De llegar dinero rossonero, en función de los demás refuerzos, podría hacerlo el ex de Celta y Villarreal.

En la temporada que viene de finalizar las luces de alarma se han encendido por los continuos problemas físicos de Xavi Hernández, faro del equipo. La inexistencia de un jugador de sus mismas características en toda la estructura provoca la insistencia en firmar a Fàbregas.

Se habla mucho de Thiago, pero éste ha de asumir todavía determinados conceptos para actuar como ‘6’ con continuidad en un equipo de la exigencia del catalán. Es un gran jugador, pero hoy día se ajusta más al perfil de ‘8’.

Más cerca del área, como volante llegador, es donde mejor se exprime hoy día al hijo de Mazinho. Lo mismo ocurre con Andrés Iniesta, si bien en un once en el que ambos formen en los interiores, sería él el organizador.

Así será si no queda más remedio y Arsene Wenger vuelve a enrocarse en no traspasar a su capitán, por más que los deseos de Cesc parezcan ir orientados a volver a hablar pronto aquello a lo que el periodista Martí Perarnau se refiere como “idioma Barça”.

He ahí la baza a jugar por los culés, junto a un supuesto pacto alcanzado entre el alsaciano y su jugador franquicia. La diferencia se encuentra en que, por haber disfrutado un año más del jugador y tener éste un año menos de contrato, la oferta se reduce en diez millones.

De no lograrse un acuerdo, no llegaría ningún hombre para uno de los mejores centros del campo del mundo. Keita continúa estando bien valorado, hay cantera y Thiago debería ir más rápido de lo esperado.

En contra de lo que los rumores pueden hacer pensar, la confianza que en él se tiene es enorme, como en Sergi Roberto. No obstante, a éste le falta aún una última etapa en el proceso formativo y con el primero se debe ir con tiento.

A sus veinte años Leo Messi era asiduo titular, pero no ha de ocultarse el hecho de que Leo Messi sólo hay uno. Andrés Iniesta, jugador al que Thiago se asemeja más, no lo fue hasta los veintitrés y Xavi Hernández pudo incluso salir del club en varias ocasiones.

Ha de tenerse también en cuenta el hecho de que Cesc puede actuar en diferentes frentes. Además de para descargar de minutos a Xavi e Iniesta, el fichaje de Fàbregas favorecería la eventual aparición de una 4-4-2 en rombo.

Aparecerían en este dibujo dos referencias centradas y con capacidad de ruptura, con él llegando desde unos metros por detrás de donde suele hacerlo habitualmente un Messi que estaría más descargado en el posible nuevo planteamiento.

Mientras se espera a Oriol Romeu, por su capacidad táctica y de llegador podría convertirse en tercera opción en la posición de Busquets y Mascherano, dando salida allí donde Keita y Jonathan Dos Santos fueron probados sin éxito esta temporada.

En instantes en que la obligación de obtener un buen resultado apremie, Cesc puede aparecer como vértice del centro del campo acompañado de Xavi e Iniesta en la posición de ‘4’, pero no como un ‘4’ puro al estilo Busquets o Xabi Alonso.

Conocido como ‘box to box’ de contrastado nivel, recorrería más metros que ambos en sus respectivos equipos y en la selección para aprovecharse de sus buenas llegadas desde segunda línea.

Sin él, con Iniesta o Thiago, Guardiola puede experimentar con un rombo en mediocampo, pero difícilmente pueda abrir una nueva vía, más vertical y alternativa al modelo de juego actual.

Lo intentó en el pasado con la adquisición de una referencia en su equipo atípica, pero terminó descubriendo que el daño infringido al rival era mayor utilizando un hombre que huya de la posición de nueve que con un hombre de la envergadura de Ibrahimovic.

Tuvo un delantero que aparecía, como era Samuel Eto’o. Por falta de feeling con el camerunés decidió probar con uno que estaba, como el sueco. Finalmente, se ha decidido por Messi, que no está ni aparece (a la espalda del central), pero sí llega. Y cómo llega.

A David Villa lo prefiere en el pasillo interior, próximo a la banda. Creando el desconcierto entre el lateral y el central de afuera hacia adentro. No porque se aleje, como otras puntas hacen; sino porque él sí aparece.

Caso similar es el del invisible Pedro, si bien él ha llegado al primer equipo culé con una diferencia interiorizada, y es que la banda es el lugar en que habitan los apoyos a una referencia que hasta este año Villa estaba acostumbrado a ser.

Batiendo desde el pasillo del ‘8’ o en ruptura desde posiciones avanzadas, Ibrahim Afellay puede convertirse en una alternativa cada vez más valorada por velocidad y diferentes conceptos de base.

Anárquico, y por tanto rara avis en el planteamiento inicial barcelonista, un ‘Plan B’ como el citado podría convertirle en el socio ideal de Fàbregas o Alexis Sánchez, otro de los favoritos para ser llamados a filas del cuatro veces campeón de Europa.

Tampoco será fácil hacerse con el apodado ‘Niño Maravilla’, dado su potencial y que el Udinese de por sí trata siempre de rentabilizar al máximo sus transferencias, algo que en mayor medida buscarán con su jugador franquicia.

Como en el caso de Cesc, Rosell tiene el beneplácito del jugador para cerrar la operación, pero por más que se diga que el futbolista actúa siempre donde quiere puede no ser así si las exigencias de Giampaolo Pozzo no diminuyen de su precio de salida.

De menor estatura incluso que Leo Messi y Pedro Rodríguez, es un jugador con un extraordinario quiebro que vendría a completar la capacidad de desequilibrio del propio Messi e Iniesta en el uno contra uno.

Colabora en labores de defensivas y de creación, tiene un gran cambio de ritmo y facilidad para romper por dentro y por fuera. Acostumbrado a tener junto a él la referencia de Di Natale, la única duda que puede caber es cómo reaccionaría como falso nueve.

Llegaría a Barcelona con el aval de Marcelo Bielsa, maestro y amigo de Guardiola, y de la gran temporada realizada en Udine. Con la vitola de crack en su club de procedencia, completamente adaptado al fútbol europeo y aceptando su rol de secundario.

Quizá más goleador pero menos sacrificado es el brasileño Neymar. Chelsea, Real Madrid y Barcelona siguen al que probablemente sea el mejor jugador del mundo sub-21, cuyas características recuerdan a otros brasileños como Robinho.

Se espera más de él que del actual milanista. ¿Lo dará? Es una incógnita. A priori parece que así será, pero habrá que esperar a que dé el salto al continente europeo para valorar con mayor exactitud su posible repercusión.

La falta de experiencia es uno de los factores que le hacen ir a la zaga del chileno en las quinielas de refuerzos azulgrana, junto a su carácter controvertido y un individualismo excesivo.

Como Alexis Sánchez, puede actuar en el centro o en un costado. Caso distinto es el de Kiko Femenía, extremo del Hércules que parece será firmado para entrar en la tercera fase del desarrollo blaugrana.

Definido por su ex entrenador Esteban Vigo como un Pedro en potencia, puede convertirse en otra de las joyas de gran futuro que eleven el nivel del Barça B, a pesar de su reciente experiencia en primera división.

Con querencia a irse al interior en la izquierda, pegado a la línea de cal en la derecha o incluso actuando como lateral, es hábil y veloz. Su refuerzo hoy por una mínima cantidad de dinero puede evitar un gran desembolso en el futuro.

Caso similar es el de Sergio Araujo, argentino perteneciente a Boca Juniors y cuyas características recuerdan a la del Kun Agüero. Ratonil, resistente, gambeteador y col gol, su llegada podría depender del derecho preferencial que el Real Madrid guarda sobre él.

Tercera en la escala de prioridades, sólo por encima de la opción de firmar un zaguero, está la de hacerse con un delantero de área cuyas prestaciones resten responsabilidad al tridente ofensivo titular.

El citado Agüero sería quizá sea a ojos del aficionado el hombre ideal, pero no tanto a los de una dirección deportiva que debe mirar por mantener un equilibrio que podría verse roto por el perfil ‘top’ del colchonero y especialmente de su entorno.

El hecho de que hacerse con sus servicios implique un dispendio mayor que el que actualmente pueden permitirse las poco boyantes arcas barcelonistas vira las miras hacia el italo-americano Giuseppe Rossi.

De un perfil similar al de David Villa, habla en el Villarreal un idioma similar al del Barça, algo que jugaría a favor de una pronta adaptación a Can Barça. Su desborde y velocidad son menores que el de Alexis Sánchez y Neymar, pero tiene mayor facilidad para ver puerta.

En caso de que quede un puñado de euros después de acometer los fichajes prioritarios de Alexis y Cesc, insuficientes para hacerse con el amarillo, otra opción de la que se habla es el desconocido Leandro Damião, punta brasileño de Internacional, de perfil más rematador y que como Rossi sería una de la dos referencias en una hipotética 4-4-2.

A pesar de que el ‘experimento Keirrison’ desaconseja repetir experiencia, esta opción se valora con el fin de dotar a la plantilla, como en los casos antes referidos, de un perfil carente o insuficiente.

Con todo, habrá quien de forma errónea piense que el F.C. Barcelona traicionará sus principios optando por cubrir sus carencias con hombres de fuera y no de cantera, obviando o ignorando el hecho de que más allá de Thiago y Fontàs no hay jugadores preparados para el salto.

Lo habrá, qué duda cabe, pero no a un plazo tan corto como el que exige la obligación de seguir siendo competitivos y dentro y fuera, de competir con uno mismo y tener hambre y ser capaz de doblegar a un rival del calibre del Real Madrid.

El escaso rendimiento ofrecido por Milito, Maxwell, Jeffren y Bojan, relegados al forzosamente tercer escalón de la rotación puede provocar su salida con el fin de conseguir líquido para ofrecer ese plus requerido.

El extremo de origen venezolano y el ‘Noi de Linyola’ podrían ser traspasados por una cantidad dependiente de una más que probable opción de recompra, como Martín Montoya, Martí Riverola, Jonathan Dos Santos, Jonathan Soriano o el mismísimo Thiago.

Aunque pueda parecerlo, no existe incompatibilidad entre el modelo de cantera con el de cartera. De los citados, los que se queden seguirán quemando etapas formativas progresivamente, junto a Bartra, Rafinha, Sergi Roberto, Espinosa o Deulofeu.

En un plazo de tres años varios de ellos serán parte activa del primer equipo. Antes, máxime cuando el enemigo apremia, parece difícil, pues han de aprender a competir al máximo nivel, el que su club requiere.

Qué duda cabe que si la progresión de un jugador invita a saltarse alguna de las tres etapas establecidas para los canteranos culés, entrará en ese preciso instante. Mientras algo así no ocurra, su camino seguirá las líneas marcadas.

Una cesión o un traspaso con opción de recompra no son una muestra de ignorancia, sino una oportunidad de competir a un nivel de exigencia que en el día a día establece por encima de sus actuales posibles prestaciones.

Los veinte de Mou, Inter, ManU, Chelsea, Porto y las propias carencias obligan a un continuo reciclaje del tablero y sus piezas. Cuando se pueda, con cantera. Cuando no, con cartera. Hasta donde ésta llegue.

La victoria del triángulo

Hace ya algunos años Vanderlei Luxemburgo acuñó el término del cuadrado mágico a la hora de referirse a una táctica consistente en superpoblar la zona interior del césped. “Nace de los ángulos mágicos”, dijo.

A pesar de contar con muy buenos mimbres, el experimento no cuajó. Thomas Gravesen, buen recuperador pero quizá sin nivel para jugar en el Real Madrid, se veía obligado a ocupar demasiado terreno por la nula ayuda defensiva de David Beckham.

El inglés llegó a Madrid ya pasado el mejor momento de su trayectoria futbolística. En la cresta de la ola mediática, viviendo de ésta y de su precisión en el desplazamiento en largo y en el balón parado, pero sin la capacidad de creación exigida.

Completaban el cuadrado Julio Baptista y Zinedine Zidane. Del galo de origen argelino poco se puede decir que no haya sido escrito antes. Elevado a los cielos como el quinto grande, hilvanaba y decidía junto a un brasileño sobrepasado.

Pablo García y Guti entraban como segundas opciones por detrás de Raúl y Ronaldo, mientras que Antonio Cassano y Robinho eran otras opciones para las dos líneas más adelantadas, todos ellos – con la excepción de Robinho – carentes de capacidad para constituir una alternativa por un costado.

Esta ausencia de hombres con capacidad para jugar abiertos, junto a la perfección de los ángulos de que hablaba Vanderlei, provocaba un atasco de jugadores en zonas interiores que facilitaba las labores de defensa por parte de los equipos rivales.

La aparición de seis hombres en zonas interiores ralentizaba la posibilidad de realizar juego directo e impedía la fluidez en el juego trenzado, algo que sumado a lo estático de los hombres de tres cuartos terminó con el descontento de la afición del Bernabéu y con la destitución de Luxemburgo.

Cinco temporadas después, el conjunto merengue vuelve a probar suerte planteando sus partidos por el interior, pero con una distribución de los hombres bien distinta. Como distinto es también el juego elaborado por el FC. Barcelona, reciente campeón de Europa.

Éste, tal y como apuntaba Enrique Ortego en el último partido liguero frente al Real Madrid, utiliza triángulos a la hora de elaborar jugada. “Ahora”, decía el director del Diario AS. ¿Ahora? Y siempre.

Desde que Pep Guardiola dirige al F.C. Barcelona, máxime conforme Sergio Busquets ha ido ganando minutos y experiencia, la forma en que se busca la superioridad es creando situaciones de 3×2 donde los rivales quedan atrapados dentro del triángulo.

Una de las mayores desventajas del planteamiento antes comentado era el hecho de que los pases eran siempre horizontales o verticales, nunca en diagonal, como sí ocurre con los triángulos de Pep.

Los ángulos de Vanderlei, en palabras propias, eran mágicos debido a su perfección. Esto es, él consideraba que el éxito de su sistema radicaba en que la disposición de sus cuatro hombres interiores formaba cuatro ángulos rectos con los que se abrían al menos dos líneas de pase.

Creía el técnico brasileño que con ello sería suficiente para encerrar al rival, pero no cayó en la cuenta de que un cuadrado interior es un suicidio, ya que puede ser contrarrestado sencillamente por cualquier clásico dibujo y facilita opciones de contraataque por banda.

Guardiola, pensando en Luxemburgo o no, solventó este problema torciendo el cuadrado ligeramente hasta crear un rombo en el que prácticamente desaparecen los pases verticales – por lo menos de larga distancia – y sobran los diagonales en corto.

Con ese ligero giro, la sobresaturación interior da paso a un mejor aprovechamiento del terreno, pasando a haber un único pivote puro con dos interiores y un hombre, Messi, que aparece como enlazando como falso punta.

Con la disposición en rombo, las tres vías máximas de pase de los hombres de tres cuartos se convierten en varias más en posiciones ligeramente más retrasadas, pues su aparición da paso a una visión periférica de esos hombres y a la creación de multitud de triángulos de pase.

La inexistencia de delanteros centros colabora con ello, ya que en el sistema implementado por Pep el lugar reservado para ellos se encuentra vacío a cambio de un uso de las bandas que pretende dar amplitud al equipo.

El “cuadrado mágico” da profundidad por medio de unos laterales de largo recorrido, pero falla a la hora de hacer ancho el campo, tal y como se puede ver también en los equipos que dirige Manuel Pellegrini.

No obstante, tuvo él más suerte a la hora de aplicarlo, a pesar de verse denostado por los medios de comunicación en su labor como técnico merengue. Si fue así se debió a una mayor movilidad, lo que facilitaba una mayor rapidez en la circulación.

Rapidez y movilidad son precisamente dos de las características más valoradas del F.C. Barcelona actual. El continuo dinamismo de los culés da paso a una veloz circulación de balón, habitualmente en un espacio corto de terreno, lo que da mayor sensación si cabe de rápido desplazamiento.

Frente al Manchester United apenas se vieron las permutas de posición antes más habituales. Hasta que el monopolio del cuero no estuvo asegurado, apenas se dieron siquiera estas combinaciones triangulares.

Hasta que el manejo de la posesión fue absoluto, el rombo fue un cuadrado en el que Xavi dejaba su posición de interior para acompañar a Busquets en la salida e Iniesta hacía lo propio por delante, sin llegar a la altura de Leo Messi, que se alejaba así del campo de actuación de los centrales.

El plan del United en el arranque del encuentro parecía pasar por la presión de Chicharito sobre la salida de los centrales y la obstaculización de Wayne Rooney a las ayudas de Busquets. Con el movimiento de Xavi, ambas cosas se neutralizan.

Dirección de los pases completados por el Barça en la final

La intersección en vertical de los puntas reds sobre el triángulo de salida blaugrana quedaba anulada con la aparición de una nueva pieza con la que crear una segunda figura. Con Xavi más retrasado, aparece una nueva línea de pase y la confusión de Rooney en su tarea.

La salida de Leo Messi de la zona de influencia de Vidic y Ferdinand provoca el mismo efecto en los centrales, que acostumbrados a fijar su posición con un delantero terminan por no salir a cubrir los movimientos del argentino.

Andrés Iniesta era el encargado de dar forma al cuadrilátero blaugrana. Unas veces lo hacía en forma de cuadrado, colocándose en paralelo con Messi. Otras, la forma era de trapecio, en la que los lados paralelos los formaban el propio Iniesta y Xavi y Messi y Busy.

Mientras Messi se deshacía de los centrales y Xavi ayudaba a desmantelar la presión de Rooney, los movimientos de Iniesta provocaban que Michael Carrick se quedase en muchas ocasiones a medias, dudando si salir a Xavi o contener al de Fuentealbilla, que se asociaba indistintamente con el rosarino y el de Terrassa.

Ryan Giggs, sobrepasado ante el alto ritmo que el entramado culé iba imprimiendo al partido, apenas participó en la presión; Valencia se secó ante Abidal y Park se cansó de intentar hacer lo propio con Dani Alves.

El sacrificio en el arrastre de Villa y Pedro vio la luz cuando, además de abrir espacios para las subidas de los laterales, provocó el hastío de sus respectivos pares, que trajo como consecuencia sendos goles y la victoria final del triángulo.

Del mismo modo que en otras ocasiones se ha criticado el planteamiento conservador de los rivales del F.C. Barcelona, esta vez se ha hecho lo mismo con el descarado del Manchester United.

Apuntan muchos, como lo hacían en la previa, que quizá Rooney debería haber aparecido por Valencia en un costado, con Fletcher o Gibson en la medular bien ayudando a contener el juego blaugrana o saliendo a por él como de inicio se hizo.

Ferguson repitió el planteamiento que tan buen resultado le dio en las semifinales y en los partidos importantes de la Premier League. Buscó una lucha de poder a poder y fue superado, pero no tanto por sus propios errores como por el buen hacer de Guardiola.

El escocés quiso morir con sus ideas y así lo hizo. En el escenario planteado en el fútbol ficción de algunos expertos, la salida de Mascherano y Piqué hacia Busquets habría sido más limpia, por lo que el triángulo central no habría necesitado de los movimientos de Xavi e Iniesta.

Quizá algunos consideren ideal este escenario. De hecho, quizá el United habría presentado más batalla de este modo. O quizá no, pues si bien la resistencia duró poco, por lo menos obligó a un circunstancial cambio de planes de Guardiola.

Contener al Barcelona es permitir una cómoda triangulación. Quizá sin profundidad, pero existente. De la personalidad de Ferguson vino el cuadrado, y con él multitud de triángulos. Con los mismos vértices, pero distintos ángulos. El ‘Plan B’, ¿lo habría provocado? Probablemente no.

Sir Xavi

Hubo uno que pidió una palanca para mover el mundo. A Xavi nadie le escuchó pedir la pelota, pero siempre la tuvo, como si sus botas tuvieran un imán que le acercara al cuero. Puestos a ser más fieles que nunca a una idea, la de organizarse a través del balón, era un partido para que apareciera Xavi y lo sentenciara el talento de Messi, el instinto de Villa o la picardía de Pedro.

Así ocurrió: marcaron Pedro, Messi y Villa, y Xavi le puso el sello a la cuarta Copa de Europa del Barcelona. El de Terrassa ha ganado tres, pero en París, lesionado, no jugó contra el Arsenal. En Roma, contra el United, jugó bien y hasta remató al palo. En Wembley dio un recital brutal: corrió 11,9 kilómetros, más que nadie, 141 de los 148 pases que dio llegaron a su destino (95%) y chutó tres veces, una a puerta, obligando a Van der Sar a una gran parada.

Cuando Xavi tiene la pelota, siempre pasan cosas buenas para el Barça. Hay veces, como ayer, que le basta con dejarla pasar. Así ocurrió al filo de la media hora, cuando amagó el control, dejó correr el balón, se fue a por los centrales y esperó a que por algún sitio, alguno de sus amigos se le ofreciera. Giggs lo vio, pero era tarde para llegar a cerrar. Solo fue un pase más de los muchos que dio, pero terminó en gol. El primero, el que empezó a dejar claro quién es el mejor equipo de Europa.

Hace casi un año, pase a pase, Xavi llevó a España a conseguir el Mundial. Durante el curso, pase a pase, ha colaborado en la consecución del tercer título de Liga consecutivo, en la plaza para la final de Copa y en la final de Wembley. Allí apareció para ganar al United a golpe de pase, siendo fiel a un estilo. Xavi lo tuvo claro. Cogió la pelota, la pasó y ganó el Barça.

Suele decir que no puede jugar solo, que necesita amigos con los que pasarse el balón. De niño, en la plaza, se alió no pocas veces con los árboles y los bancos para tirar paredes. Suele hacerlo con Busquets, Iniesta y Messi con la intención básica de no perderlo. A partir de ahí, su radar le avisa antes que a nadie del camino al gol: y esa autopista se suele llamar Messi. El gol del argentino, el de Pedro o el de El Guaje quedarán en la memoria colectiva, pero no es menos cierto que el partido de Xavi es para que lo muestren en La Masía a quien aspire a ser centrocampista del Barça.

Xavi lleva el gen del fútbol del Barça y en el manual está escrito que tan importante es tener la pelota como saber dónde te toca jugar. Por eso se filtró como mediapunta a la espalda de Carrick y con tanta elegancia como se dejó caer cerca de Busquets. Si ordenó zafarrancho, se tiró a degüello y con él todo el equipo; cuando pensó que era necesario dar un paso atrás para ordenar el ataque, la guardó y el rondo volvió a empezar.

Capitán al quedarse en el banquillo Puyol, lideró al equipo en lo anímico y en la idea y se coronó en Wembley con otra de sus habituales exhibiciones. Se activó y se frenó cuando fue necesario y con él todo el equipo, el equipo de su infancia, el equipo de su vida. Su último pase llegó directo al corazón. Llevó el brazalete durante el partido y podía haber cogido la Copa. Nadie pensó que fuera a hacerlo. Tocaba cedérsela a Puyol, como Zubizarreta hizo en 1992 con Alexanco, o Guardiola con Popescu en la final de la Recopa de 1996. Pero… no. El equipo le debía un reconocimiento a Abidal y la recogió el francés, el hombre que hace apenas tres meses pasó por el quirófano con un tumor en el hígado.

A Xavi, hace 19 años, sus padres le prohibieron viajar a Wembley con sus dos hermanos mayores. Así que vio por la tele la final contra el Sampdoria. Ayer no tenía intención de ser otra vez espectador. Hizo suya la pelota y del Barça la Copa de Europa. Tras su espectacular partido, ya se le puede llamar sir.

 

* Publicada por Luis Martín en El País el 28/05/2011.

En busca de la cuarta

Hablan muchos de que en Wembley el Barcelona puede terminar de cuadrar el círculo. Otros, como quien escribe, creen que Wembley no es más que una estación de paso. Repetida, pero de paso.

El equipo de Pep Guardiola buscará esta noche superar al Dream Team de Johan Cruyff en lo que a Champions se refiere frente a un United que lucha con él por convertirse en el mejor equipo del último lustro.

Una victoria, una final y una semifinal es el bagaje del equipo de Sir Alex Ferguson en los últimos cinco años. Los de Guardiola, mientras tanto, se han alzado con el campeonato en una ocasión y han sido otra semifinalista.

Tanto el uno como el otro, en sus respectivas caídas en semifinales, fueron eliminados por el postrero campeón. Si a ello se le suma que el F.C. Barcelona fue campeón hace cinco años, nos encontramos probablemente con los dos equipos más competitivos a nivel europeo en los seis últimos años.

Se da la circunstancia, además, de que ambos técnicos buscan su tercer entorchado en los banquillos. Tres son, precisamente, las que suman uno y otro club. Buscan, por tanto, continuar acercándose a Real Madrid y Milan en el palmarés de la máxima competición.

Lo harán con todos sus efectivos disponibles, lo que no quiere decir que estén todos en plenitud de condiciones, pues Darren Fletcher no ha jugado un solo minuto en los dos últimos meses y Puyol y especialmente Abidal no han estado tampoco al cien por cien en los últimos tiempos.

Las dudas en los equipos que saldrán al verde del nuevo mito inglés se ciernen por encima de cualquier otra posición en el lateral izquierdo culé y el doble pivote red, más allá de las alternativas que Ferguson maneja para su lateral derecho.

Aquí han venido actuando en los últimos encuentros de la temporada los gemelos Da Silva, de forma indistinta. Fabio ha sido más utilizado que Rafael, a pesar de que las características de uno y otro son bien parecidas.

Ofensivamente se convierten en una alternativa de salida muy valorada por su técnico, aunque en labores defensivas sufren más de lo debido y ansiado frente a un hombre que lanza continuas diagonales como es Villa.

Por este motivo, puede que el irlandés John O’Shea, marcador que conoce también la posición de central, se ocupe de cumplir una labor similar a la que Arbeloa desempeñó en los envites entre Real Madrid y Barça.

Nemanja Vidic y Rio Ferdinand, insustituibles, indispensables e imprescindibles, se debaten con la pareja recién formada por Terry y David Luiz y con Piqué y Puyol por el imaginario primer puesto del ranking de centrales.

Jugadores fuertes y corpulentos, son inquebrantables por alto. Buscan la anticipación, a pesar de no ser excesivamente veloces. En su compenetración y las ayudas de sus compañeros radicará el éxito de cubrir a Leo Messi.

Tampoco Patrice Evra es el cuarto en discordia. Al contrario que los hermanísimos, en él sí puede descatarse el sacrificio defensivo junto a la profundidad que en determinados momentos ofrece al equipo. No sube siempre, pero lo hace siempre con fuerza.

Michael Carrick, especialista en corte y confección, dejará el telar a un lado para decantarse por las tijeras y la escoba. Debe barrer todo lo que ocurra a la espalda de Ryan Giggs, balones en dirección a Messi incluidos.

Su fondo físico puede ser una de las claves del encuentro. Si uno de los Da Silva es de la partida, ha de tapar el hueco que deje cuando Valencia no mantenga la posición para las ayudas; además de cubrir todo el terreno que habrá entre el triángulo que forman Xavi, Iniesta y Messi.

El ecuatoriano, jugador bien distinto al que militó en Villarreal y Recre, intentará poner en apuros a quien actúe en el lateral zurdo culé con su técnica y, sobre todo, velocidad. Por el otro costado, el coreano Park será el estandarte de la presión adelantada y tratará de contener a Alves.

Rooney aporta también presión y garra, además de mucha calidad y gol. Jugará por detrás de Chicharito, para muchos descubrimiento de la campaña, buscando los continuos desmarques y estorbar en la salida de los centrales culés.

El mexicano es hoy por hoy probablemente el mejor rematador del mundo. Sale a gol cada dos remates, pero no es sólo eso. Además, ofrece continuas ayudas y no ceja en su empeño de abrir espacios a la espalda de sus rivales.

Tal y como afirmaba en una entrevista en Radio Marca este mismo sábado Roberto Martínez, técnico del Wigan, Ferguson planteará un partido de ritmo inglés, pues maneja mejor el intercambio de golpes y no le conviene la pausa del trío mágico culé.

De inicio por lo menos será así. Con el paso de los minutos, no es descartable que Rooney pase a la izquierda, Park se adentre y el dibujo pase a ser una 4-5-1 que busque defender sin fisuras y salir por los costados con una velocidad endiablada buscando los remates de Javier Hernández.

Para evitarlos, será vital Gerard Piqué por alto. En velocidad, Puyol o Mascherano ejercerán de correctores con continuas coberturas a su espalda y la de los laterales, ya de por sí veloces. Juegue Puyol o Abidal en la izquierda, éstos serán asimétricos, como de costumbre.

Igual que Carrick en el United, Busquets ha de multiplicarse para contener el juego del mito Giggs y las peligrosas apariciones entre líneas de Rooney. Además, debe dar una salida al equipo cuando Piqué se vea demasiado presionado.

Pasada la primera línea, por los pies de Xavi e Iniesta pasan muchas de las posibilidades del Barça. Si manejan el balón con fluidez y se lo esconden a Park y Carrick, serán mayores las opciones de Messi para encarar e irse por velocidad de los centrales mancunianos.

La labor de Pedro y Villa apunta a más oscura de lo habitual, máxime si juega O’Shea por la derecha tapando al asturiano. Su conexión mental será vital si el balón no bate la última línea de presión y les llega menos de lo habitual.

Como claros revulsivos cabe apuntar a Nani e Ibi Afellay, dos jugadores que percuten de distinto modo las defensas rivales. Ambos son veloces, pero el primero quizá sea más asociativo que el culé, quien sin embargo puede volver a ser vital con el avance de los minutos.

En contra de lo que muchos creen en España, quizá sea más favorito el Manchester United, dado que llega en su mejor momento de la temporada. Como varios jugadores han manifestado, la falta de Tévez y Cristiano Ronaldo les ha hecho mejores.

Obviamente ello no se debe a que ambos carezcan de calidad, sino a que el United es hoy más equipo. Muy compacto defensivamente, en ataque manejan diversas opciones, y al contrario de lo que ocurre con el Barcelona, ellos sí manejan varios registros.

Con una 4-4-2 o 4-5-1, con un juego veloz y más lento y con atacantes estáticos o dinámicos, llega a Wembley más fresco mentalmente, ya que a pesar de cerrar su título liguero en las últimas semanas, no tuvo más que un enfrentamiento de tensión en los últimos meses.

A pesar de haber solventado con nota la papeleta del ciclo de clásicos, está por ver cómo ha sentado a los hombres de Pep Guardiola el mini-ciclo final, en el que se buscó rebajar piernas y mente con el pretexto de la diversión.

No se puede hablar ya a estas alturas de debilidad mental en el cuadro blaugrana, pero, ciertamente, el United parece manejar mejor la rabia tan necesaria para afear partidos o para combatir la ansiedad de un resultado adverso en los últimos minutos.

No obstante, qué duda cabe que el F.C. Barcelona maneja mejor que nadie la circulación de balón, y que si es capaz de imponer su juego, no valdrán los dibujos y el carácter de enfrente. Jugando a ser el Barça, los de Pep son claros favoritos.

Pese a ser territorio neutral, Wembley puede jugar en favor del ManU. Más por la mística que dice que los equipos ingleses no pierden en el estadio nacional que por el factor cancha, pues en la ciudad londinense no hay amigos para los reds.

Para los supersticiosos, junto a esto, puede quedar el hecho de que el Barça no pierde con Puyol sobre el césped. Si no juega, ojo…

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Pep, Mourinho y el coaching mental

En un día como el de hoy, en el que José Mourinho ha sido presentado como nuevo técnico del Real Madrid, es inevitable hacer comparaciones con su homólogo culé. Al contrario de lo que ocurre con el luso, al catalán se le achaca un exceso de humildad como conferenciante; si bien, por contra, son alabadas sus técnicas de motivación por medio de la música o sus ya famosos vídeo-montajes. Pero, volviendo a la imagen que se da ante los medios, ¿por qué se agota un discurso, y sin embargo el otro no?

Ambos, Pep y Mou son los maestros de una corriente sobre la que mucho se está hablando en la actualidad, el coaching mental o entrenamientos psicológicos, pese a que lo entienden de maneras opuestas.

El mensaje de Pep parece sobreexplotado porque da la sensación de caer siembre en el aplauso fácil, cuando realmente va mucho más allá. Al contrario de lo que hace el portugués, en las ruedas de prensa se centra primordialmente en el rival y sus virtudes.

Al contrario que el luso, en las ruedas de prensa se centra más en el rival y siempre habla de sus virtudes, con lo cual busca evitar un exceso de confianza que luego dentro del vestuario se completa con mensajes cortos y claros donde son sus debilidades lo que se destacan: Si el rival abusa de patadón, Piqué se cierra más sobre el delantero sobre el que se vuelca el juego; si el balón sale jugado, el hombre rápido de ataque va más sobre el central, Xavi coge posiciones más retrasadas y el pivote defensivo presiona al medio que la toque; si tienen un extremo peligroso, cuidado en las ayudas… Todo para recuperar rápido y desplegar su juego.

El modelo del luso es similar, pero a la vez distinto, tal y como hoy se ha visto. Mientras Pep habla del rival para evitar que su equipo sea el centro de atención, Mourinho llega incluso a focalizar la presión sobre sí mismo, dando más tarde al vestuario un mensaje en clave espartana.

Da imagen de prepotente no porque lo sea, sino porque así es el personaje que crea para que el equipo funcione. Porque sólo comandado por un gran general, puede triunfar un buen ejército. “Todos somos uno, y no tenemos miedo. Defendemos y atacamos como grupo. Como falange”.

En el plano comunicativo, tanto Guardiola como Mourinho dan a la prensa de comer y logran trabajar el aspecto psicológico en la medida que quieren. Exponen una 4-3-3 en la que las presiones y permutas de los unos se dan en función de los defectos del rival y las ayudas y el conjunto de los otros se convierten en una muralla casi inqueblantable.

Aunque todo el mundo destaque el juego combinativo del Barça, ahí radica el éxito de Pep. Como Mou, habla a sus jugadores en clave defensiva, con la diferencia de que la defensa de uno está treinta metros delante de la del otro; lo cual provoca que las transiciones, y por tanto el trato del balón, sean también diferentes, como de hecho son.

De cara a la galería, uno puede parecer humilde y simpático; y el otro dar muestra de prepotencia y chulería. En consecuencia, diferentes, pero a la vez iguales. Como a la hora de mostrar sobre el césped sus credenciales, todo está estudiado.

Nada en el fútbol falta por ser inventado, pero sí queda algo por explotar: El coaching mental. Guardiola y Mourinho exprimen la nueva corriente al máximo. Porque no todo el fútbol está en el verde. Diferentes u opuestos a la hora de jugar y motivar, prepárense, porque algo sí es seguro: con el uno y con el otro, vamos a disfrutar.