La victoria del triángulo

Hace ya algunos años Vanderlei Luxemburgo acuñó el término del cuadrado mágico a la hora de referirse a una táctica consistente en superpoblar la zona interior del césped. “Nace de los ángulos mágicos”, dijo.

A pesar de contar con muy buenos mimbres, el experimento no cuajó. Thomas Gravesen, buen recuperador pero quizá sin nivel para jugar en el Real Madrid, se veía obligado a ocupar demasiado terreno por la nula ayuda defensiva de David Beckham.

El inglés llegó a Madrid ya pasado el mejor momento de su trayectoria futbolística. En la cresta de la ola mediática, viviendo de ésta y de su precisión en el desplazamiento en largo y en el balón parado, pero sin la capacidad de creación exigida.

Completaban el cuadrado Julio Baptista y Zinedine Zidane. Del galo de origen argelino poco se puede decir que no haya sido escrito antes. Elevado a los cielos como el quinto grande, hilvanaba y decidía junto a un brasileño sobrepasado.

Pablo García y Guti entraban como segundas opciones por detrás de Raúl y Ronaldo, mientras que Antonio Cassano y Robinho eran otras opciones para las dos líneas más adelantadas, todos ellos – con la excepción de Robinho – carentes de capacidad para constituir una alternativa por un costado.

Esta ausencia de hombres con capacidad para jugar abiertos, junto a la perfección de los ángulos de que hablaba Vanderlei, provocaba un atasco de jugadores en zonas interiores que facilitaba las labores de defensa por parte de los equipos rivales.

La aparición de seis hombres en zonas interiores ralentizaba la posibilidad de realizar juego directo e impedía la fluidez en el juego trenzado, algo que sumado a lo estático de los hombres de tres cuartos terminó con el descontento de la afición del Bernabéu y con la destitución de Luxemburgo.

Cinco temporadas después, el conjunto merengue vuelve a probar suerte planteando sus partidos por el interior, pero con una distribución de los hombres bien distinta. Como distinto es también el juego elaborado por el FC. Barcelona, reciente campeón de Europa.

Éste, tal y como apuntaba Enrique Ortego en el último partido liguero frente al Real Madrid, utiliza triángulos a la hora de elaborar jugada. “Ahora”, decía el director del Diario AS. ¿Ahora? Y siempre.

Desde que Pep Guardiola dirige al F.C. Barcelona, máxime conforme Sergio Busquets ha ido ganando minutos y experiencia, la forma en que se busca la superioridad es creando situaciones de 3×2 donde los rivales quedan atrapados dentro del triángulo.

Una de las mayores desventajas del planteamiento antes comentado era el hecho de que los pases eran siempre horizontales o verticales, nunca en diagonal, como sí ocurre con los triángulos de Pep.

Los ángulos de Vanderlei, en palabras propias, eran mágicos debido a su perfección. Esto es, él consideraba que el éxito de su sistema radicaba en que la disposición de sus cuatro hombres interiores formaba cuatro ángulos rectos con los que se abrían al menos dos líneas de pase.

Creía el técnico brasileño que con ello sería suficiente para encerrar al rival, pero no cayó en la cuenta de que un cuadrado interior es un suicidio, ya que puede ser contrarrestado sencillamente por cualquier clásico dibujo y facilita opciones de contraataque por banda.

Guardiola, pensando en Luxemburgo o no, solventó este problema torciendo el cuadrado ligeramente hasta crear un rombo en el que prácticamente desaparecen los pases verticales – por lo menos de larga distancia – y sobran los diagonales en corto.

Con ese ligero giro, la sobresaturación interior da paso a un mejor aprovechamiento del terreno, pasando a haber un único pivote puro con dos interiores y un hombre, Messi, que aparece como enlazando como falso punta.

Con la disposición en rombo, las tres vías máximas de pase de los hombres de tres cuartos se convierten en varias más en posiciones ligeramente más retrasadas, pues su aparición da paso a una visión periférica de esos hombres y a la creación de multitud de triángulos de pase.

La inexistencia de delanteros centros colabora con ello, ya que en el sistema implementado por Pep el lugar reservado para ellos se encuentra vacío a cambio de un uso de las bandas que pretende dar amplitud al equipo.

El “cuadrado mágico” da profundidad por medio de unos laterales de largo recorrido, pero falla a la hora de hacer ancho el campo, tal y como se puede ver también en los equipos que dirige Manuel Pellegrini.

No obstante, tuvo él más suerte a la hora de aplicarlo, a pesar de verse denostado por los medios de comunicación en su labor como técnico merengue. Si fue así se debió a una mayor movilidad, lo que facilitaba una mayor rapidez en la circulación.

Rapidez y movilidad son precisamente dos de las características más valoradas del F.C. Barcelona actual. El continuo dinamismo de los culés da paso a una veloz circulación de balón, habitualmente en un espacio corto de terreno, lo que da mayor sensación si cabe de rápido desplazamiento.

Frente al Manchester United apenas se vieron las permutas de posición antes más habituales. Hasta que el monopolio del cuero no estuvo asegurado, apenas se dieron siquiera estas combinaciones triangulares.

Hasta que el manejo de la posesión fue absoluto, el rombo fue un cuadrado en el que Xavi dejaba su posición de interior para acompañar a Busquets en la salida e Iniesta hacía lo propio por delante, sin llegar a la altura de Leo Messi, que se alejaba así del campo de actuación de los centrales.

El plan del United en el arranque del encuentro parecía pasar por la presión de Chicharito sobre la salida de los centrales y la obstaculización de Wayne Rooney a las ayudas de Busquets. Con el movimiento de Xavi, ambas cosas se neutralizan.

Dirección de los pases completados por el Barça en la final

La intersección en vertical de los puntas reds sobre el triángulo de salida blaugrana quedaba anulada con la aparición de una nueva pieza con la que crear una segunda figura. Con Xavi más retrasado, aparece una nueva línea de pase y la confusión de Rooney en su tarea.

La salida de Leo Messi de la zona de influencia de Vidic y Ferdinand provoca el mismo efecto en los centrales, que acostumbrados a fijar su posición con un delantero terminan por no salir a cubrir los movimientos del argentino.

Andrés Iniesta era el encargado de dar forma al cuadrilátero blaugrana. Unas veces lo hacía en forma de cuadrado, colocándose en paralelo con Messi. Otras, la forma era de trapecio, en la que los lados paralelos los formaban el propio Iniesta y Xavi y Messi y Busy.

Mientras Messi se deshacía de los centrales y Xavi ayudaba a desmantelar la presión de Rooney, los movimientos de Iniesta provocaban que Michael Carrick se quedase en muchas ocasiones a medias, dudando si salir a Xavi o contener al de Fuentealbilla, que se asociaba indistintamente con el rosarino y el de Terrassa.

Ryan Giggs, sobrepasado ante el alto ritmo que el entramado culé iba imprimiendo al partido, apenas participó en la presión; Valencia se secó ante Abidal y Park se cansó de intentar hacer lo propio con Dani Alves.

El sacrificio en el arrastre de Villa y Pedro vio la luz cuando, además de abrir espacios para las subidas de los laterales, provocó el hastío de sus respectivos pares, que trajo como consecuencia sendos goles y la victoria final del triángulo.

Del mismo modo que en otras ocasiones se ha criticado el planteamiento conservador de los rivales del F.C. Barcelona, esta vez se ha hecho lo mismo con el descarado del Manchester United.

Apuntan muchos, como lo hacían en la previa, que quizá Rooney debería haber aparecido por Valencia en un costado, con Fletcher o Gibson en la medular bien ayudando a contener el juego blaugrana o saliendo a por él como de inicio se hizo.

Ferguson repitió el planteamiento que tan buen resultado le dio en las semifinales y en los partidos importantes de la Premier League. Buscó una lucha de poder a poder y fue superado, pero no tanto por sus propios errores como por el buen hacer de Guardiola.

El escocés quiso morir con sus ideas y así lo hizo. En el escenario planteado en el fútbol ficción de algunos expertos, la salida de Mascherano y Piqué hacia Busquets habría sido más limpia, por lo que el triángulo central no habría necesitado de los movimientos de Xavi e Iniesta.

Quizá algunos consideren ideal este escenario. De hecho, quizá el United habría presentado más batalla de este modo. O quizá no, pues si bien la resistencia duró poco, por lo menos obligó a un circunstancial cambio de planes de Guardiola.

Contener al Barcelona es permitir una cómoda triangulación. Quizá sin profundidad, pero existente. De la personalidad de Ferguson vino el cuadrado, y con él multitud de triángulos. Con los mismos vértices, pero distintos ángulos. El ‘Plan B’, ¿lo habría provocado? Probablemente no.

En busca de la cuarta

Hablan muchos de que en Wembley el Barcelona puede terminar de cuadrar el círculo. Otros, como quien escribe, creen que Wembley no es más que una estación de paso. Repetida, pero de paso.

El equipo de Pep Guardiola buscará esta noche superar al Dream Team de Johan Cruyff en lo que a Champions se refiere frente a un United que lucha con él por convertirse en el mejor equipo del último lustro.

Una victoria, una final y una semifinal es el bagaje del equipo de Sir Alex Ferguson en los últimos cinco años. Los de Guardiola, mientras tanto, se han alzado con el campeonato en una ocasión y han sido otra semifinalista.

Tanto el uno como el otro, en sus respectivas caídas en semifinales, fueron eliminados por el postrero campeón. Si a ello se le suma que el F.C. Barcelona fue campeón hace cinco años, nos encontramos probablemente con los dos equipos más competitivos a nivel europeo en los seis últimos años.

Se da la circunstancia, además, de que ambos técnicos buscan su tercer entorchado en los banquillos. Tres son, precisamente, las que suman uno y otro club. Buscan, por tanto, continuar acercándose a Real Madrid y Milan en el palmarés de la máxima competición.

Lo harán con todos sus efectivos disponibles, lo que no quiere decir que estén todos en plenitud de condiciones, pues Darren Fletcher no ha jugado un solo minuto en los dos últimos meses y Puyol y especialmente Abidal no han estado tampoco al cien por cien en los últimos tiempos.

Las dudas en los equipos que saldrán al verde del nuevo mito inglés se ciernen por encima de cualquier otra posición en el lateral izquierdo culé y el doble pivote red, más allá de las alternativas que Ferguson maneja para su lateral derecho.

Aquí han venido actuando en los últimos encuentros de la temporada los gemelos Da Silva, de forma indistinta. Fabio ha sido más utilizado que Rafael, a pesar de que las características de uno y otro son bien parecidas.

Ofensivamente se convierten en una alternativa de salida muy valorada por su técnico, aunque en labores defensivas sufren más de lo debido y ansiado frente a un hombre que lanza continuas diagonales como es Villa.

Por este motivo, puede que el irlandés John O’Shea, marcador que conoce también la posición de central, se ocupe de cumplir una labor similar a la que Arbeloa desempeñó en los envites entre Real Madrid y Barça.

Nemanja Vidic y Rio Ferdinand, insustituibles, indispensables e imprescindibles, se debaten con la pareja recién formada por Terry y David Luiz y con Piqué y Puyol por el imaginario primer puesto del ranking de centrales.

Jugadores fuertes y corpulentos, son inquebrantables por alto. Buscan la anticipación, a pesar de no ser excesivamente veloces. En su compenetración y las ayudas de sus compañeros radicará el éxito de cubrir a Leo Messi.

Tampoco Patrice Evra es el cuarto en discordia. Al contrario que los hermanísimos, en él sí puede descatarse el sacrificio defensivo junto a la profundidad que en determinados momentos ofrece al equipo. No sube siempre, pero lo hace siempre con fuerza.

Michael Carrick, especialista en corte y confección, dejará el telar a un lado para decantarse por las tijeras y la escoba. Debe barrer todo lo que ocurra a la espalda de Ryan Giggs, balones en dirección a Messi incluidos.

Su fondo físico puede ser una de las claves del encuentro. Si uno de los Da Silva es de la partida, ha de tapar el hueco que deje cuando Valencia no mantenga la posición para las ayudas; además de cubrir todo el terreno que habrá entre el triángulo que forman Xavi, Iniesta y Messi.

El ecuatoriano, jugador bien distinto al que militó en Villarreal y Recre, intentará poner en apuros a quien actúe en el lateral zurdo culé con su técnica y, sobre todo, velocidad. Por el otro costado, el coreano Park será el estandarte de la presión adelantada y tratará de contener a Alves.

Rooney aporta también presión y garra, además de mucha calidad y gol. Jugará por detrás de Chicharito, para muchos descubrimiento de la campaña, buscando los continuos desmarques y estorbar en la salida de los centrales culés.

El mexicano es hoy por hoy probablemente el mejor rematador del mundo. Sale a gol cada dos remates, pero no es sólo eso. Además, ofrece continuas ayudas y no ceja en su empeño de abrir espacios a la espalda de sus rivales.

Tal y como afirmaba en una entrevista en Radio Marca este mismo sábado Roberto Martínez, técnico del Wigan, Ferguson planteará un partido de ritmo inglés, pues maneja mejor el intercambio de golpes y no le conviene la pausa del trío mágico culé.

De inicio por lo menos será así. Con el paso de los minutos, no es descartable que Rooney pase a la izquierda, Park se adentre y el dibujo pase a ser una 4-5-1 que busque defender sin fisuras y salir por los costados con una velocidad endiablada buscando los remates de Javier Hernández.

Para evitarlos, será vital Gerard Piqué por alto. En velocidad, Puyol o Mascherano ejercerán de correctores con continuas coberturas a su espalda y la de los laterales, ya de por sí veloces. Juegue Puyol o Abidal en la izquierda, éstos serán asimétricos, como de costumbre.

Igual que Carrick en el United, Busquets ha de multiplicarse para contener el juego del mito Giggs y las peligrosas apariciones entre líneas de Rooney. Además, debe dar una salida al equipo cuando Piqué se vea demasiado presionado.

Pasada la primera línea, por los pies de Xavi e Iniesta pasan muchas de las posibilidades del Barça. Si manejan el balón con fluidez y se lo esconden a Park y Carrick, serán mayores las opciones de Messi para encarar e irse por velocidad de los centrales mancunianos.

La labor de Pedro y Villa apunta a más oscura de lo habitual, máxime si juega O’Shea por la derecha tapando al asturiano. Su conexión mental será vital si el balón no bate la última línea de presión y les llega menos de lo habitual.

Como claros revulsivos cabe apuntar a Nani e Ibi Afellay, dos jugadores que percuten de distinto modo las defensas rivales. Ambos son veloces, pero el primero quizá sea más asociativo que el culé, quien sin embargo puede volver a ser vital con el avance de los minutos.

En contra de lo que muchos creen en España, quizá sea más favorito el Manchester United, dado que llega en su mejor momento de la temporada. Como varios jugadores han manifestado, la falta de Tévez y Cristiano Ronaldo les ha hecho mejores.

Obviamente ello no se debe a que ambos carezcan de calidad, sino a que el United es hoy más equipo. Muy compacto defensivamente, en ataque manejan diversas opciones, y al contrario de lo que ocurre con el Barcelona, ellos sí manejan varios registros.

Con una 4-4-2 o 4-5-1, con un juego veloz y más lento y con atacantes estáticos o dinámicos, llega a Wembley más fresco mentalmente, ya que a pesar de cerrar su título liguero en las últimas semanas, no tuvo más que un enfrentamiento de tensión en los últimos meses.

A pesar de haber solventado con nota la papeleta del ciclo de clásicos, está por ver cómo ha sentado a los hombres de Pep Guardiola el mini-ciclo final, en el que se buscó rebajar piernas y mente con el pretexto de la diversión.

No se puede hablar ya a estas alturas de debilidad mental en el cuadro blaugrana, pero, ciertamente, el United parece manejar mejor la rabia tan necesaria para afear partidos o para combatir la ansiedad de un resultado adverso en los últimos minutos.

No obstante, qué duda cabe que el F.C. Barcelona maneja mejor que nadie la circulación de balón, y que si es capaz de imponer su juego, no valdrán los dibujos y el carácter de enfrente. Jugando a ser el Barça, los de Pep son claros favoritos.

Pese a ser territorio neutral, Wembley puede jugar en favor del ManU. Más por la mística que dice que los equipos ingleses no pierden en el estadio nacional que por el factor cancha, pues en la ciudad londinense no hay amigos para los reds.

Para los supersticiosos, junto a esto, puede quedar el hecho de que el Barça no pierde con Puyol sobre el césped. Si no juega, ojo…

anuncio nike final champions league Anuncio Nike final Champions League