Villas-Boas no es Mourinho

Pocos equipos en el último lustro han provocado mayor ruido con su irrupción en el panorama internacional como el Borussia Dortmund de Jürgen Klopp y el Porto de André Villas-Boas en la temporada que está próxima a su fin.

Mientras los alemanes mostraron su solvencia sólo en la Bundesliga, los dragones lusos han hecho extensible su dominio a la Taça de Portugal y la Europa League, donde se encontrará con equipos aparentemente inferiores.

La facilidad con que los dragões se han ido deshaciendo de sus rivales dentro y fuera de la antigua Lusitania de la mano de un jovencísimo técnico ha llevado a muchos a comparar a André Villas-Boas con el mismísimo José Mourinho.

Uno de los motivos que llevan a establecer dicho paralelismo son los años que han trabajado juntos ambos técnicos, después de conocierse en aquellos tiempos en que José Mourinho se ganó el apodo de traductor.

Los dos fueron también precoces en salir de las faldas de su correspondiente coach. Mou lo hizo con 37 años, época en la que era ya segundo de Louis Van Gaal. André, quien con 21 años dirigió varios encuentros a la selección de las Islas Vírgenes Británicas, dejó con 31 al hoy entrenador del Real Madrid.

Después de ocho años siendo “sus ojos y sus oídos” en Porto, Londres y Milan, Villas-Boas cogió las riendas del Académica de Coimbra, desde donde luego voló a su ciudad natal para entrenar a su actual club.

Tras un efímero paso por el Benfica, Mourinho se hizo en su día cargo del modesto Uniao Leiría antes de iniciar su tiranía en los banquillos. En su primer año completo con el Porto arrebató el título liguero al Sporting, tal y como Villas-Boas acaba de hacer con el otro grande de Lisboa.

Precisamente con el técnico benfiquista, Jorge Jesus, es con quien más dimes y diretes ha tenido frente a los micrófonos, en un entorno mediático que José Mourinho maneja a la perfección.

Mantiene Villas-Boas que él tiene “más de Robson que de Mourinho”. Pese a la periodización táctica y las semejanzas que mantienen sus equipos en algunos aspectos del juego, es probable que así sea.

Si comparamos los dibujos con que uno y otro triunfan, vemos que el portuense jamás se aparta de una 4-3-3 que el setubalense ha utilizado nada más que en el carrusel de enfrentamientos contra el F.C.Barcelona.

Incluso en aquellos casos, la elección de Mourinho en el centro del campo pasaba por el uso de hombres de un perfil más rocoso que el que acostumbra utilizar de la partida con André Villas-Boas.

Mientras el técnico merengue apuesta en defensa por dos centrales fuertes y expeditivos, cuyos riesgos en la salida de balón son casi nulos; Porto utiliza más a la pareja interior para iniciar jugada en corto.

Si atendemos a la defensa con que Mou fue campeón en Portugal, vemos que ya entonces era importante para él la jerarquía de Ricardo Carvalho, entonces acompañado por Jorge Costa. El mayor parecido lo encontramos en los laterales, donde topamos con jugadores físicos y que se suman al ataque de forma asimétrica.

Volviendo a la zona ancha, vemos como en Porto Mourinho sí utilizaba tres jugadores. Pedro Mendes era el hombre más retrasado, Costinha el todoterreno y Maniche el llegador. Estos perfiles fueron cubiertos recientemente de forma similar por Xabi Alonso, Pepe/Lass y Khedira/Pepe.

Si bien aparecen definidos de la misma forma los perfiles de ‘4’, ‘6’ y ‘8’, la calidad técnica de Fernando, Moutinho y Guarín es mayor a la media de entonces. A su vez, el poderío físico de aquella era mucho mayor que el actual.

Mientras los tres viejos gladiadores ocupaban preferiblemente los pasillos interiores, Freddy Guarín aparece habitualmente junto a la línea de cal con la finalidad de hacer al equipo ancho y profundo.

Con ello colabora en el lado contrario del campo Cristian “Cebolla” Rodríguez, a imagen y semejanza de lo que ocurre en el Fútbol Club Barcelona con Iniesta en la media y Pedro en la línea de tres atacantes.

He aquí otra diferencia con la línea de tres mourinhista. Hace escasas fechas hemos podido ver a Mesut Özil haciendo las veces de enlace entre centro del campo y ataque, tal y como Deco hizo en el Oporto de Mou.

En el actual de Villas-Boas, el jugador con querencia a irse hacia adentro no busca una mayor implicación con la creación, sino posiciones de tiro con continuas diagonales. Esto es, no trata de llegar, sino que está.

Esta diferencia podría ser vista como similitud, de no ser porque frecuentemente Deco retrasaba su posición, por lo que el dibujo pasaba a ser una 4-4-2 con una superpoblación interior inexistente en los planteamientos de Villas-Boas.

Si por algo se ha caracterizado José Mourinho a lo largo de su carrera como entrenador ha sido por un pragmatismo feroz que no encuentra parangón en André, ni tampoco en una armonía entre las líneas que ha convertido a sus equipos casi inquebrantables defensivamente hablando.

En sus dos temporadas y media como entrenador del Porto, José Mourinho logró cinco títulos nacionales y dos internacionales gracias a la fortaleza física y mental de un equipo que tenía a Deco como jugador más fantasioso.

El juego directo e interior es algo que ha acompañado al de Setúbal durante todos estos años. Acompañado de unas líneas juntas y solidarias, sus equipos son máquinas que basan su fortaleza en la seguridad defensiva y una rápida transición que ha convertido al actual Real Madrid en el mejor equipo del mundo jugando a la contra.

En este sentido, André Villas-Boas ha demostrado haber aprendido mucho y bien de su primero compañero y luego jefe, pues su equipo ha demostrado en varias ocasiones a lo largo de la temporada que es capaz de aguantar y rematar, manteniendo siempre la amplitud de campo.

No obstante, no es este el plan predefinido. El actual Porto tiende a buscar al rival en su propio campo con una presión asfixiante que provoca muchas pérdidas de balón en la salida, también de forma similar a lo que realiza el Barça.

Parece, con todo, arriesgado hablar de André Villas-Boas como el nuevo José Mourinho. Ciertamente, existen similitudes entre uno y otro, especialmente en lo que a trayectoria se refiere; pero también son diversas las diferencias existentes, tanto en el Porto que cada cual convirtió en campeón como en el camino seguido para hacerlo.

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Pep, Mourinho y el coaching mental

En un día como el de hoy, en el que José Mourinho ha sido presentado como nuevo técnico del Real Madrid, es inevitable hacer comparaciones con su homólogo culé. Al contrario de lo que ocurre con el luso, al catalán se le achaca un exceso de humildad como conferenciante; si bien, por contra, son alabadas sus técnicas de motivación por medio de la música o sus ya famosos vídeo-montajes. Pero, volviendo a la imagen que se da ante los medios, ¿por qué se agota un discurso, y sin embargo el otro no?

Ambos, Pep y Mou son los maestros de una corriente sobre la que mucho se está hablando en la actualidad, el coaching mental o entrenamientos psicológicos, pese a que lo entienden de maneras opuestas.

El mensaje de Pep parece sobreexplotado porque da la sensación de caer siembre en el aplauso fácil, cuando realmente va mucho más allá. Al contrario de lo que hace el portugués, en las ruedas de prensa se centra primordialmente en el rival y sus virtudes.

Al contrario que el luso, en las ruedas de prensa se centra más en el rival y siempre habla de sus virtudes, con lo cual busca evitar un exceso de confianza que luego dentro del vestuario se completa con mensajes cortos y claros donde son sus debilidades lo que se destacan: Si el rival abusa de patadón, Piqué se cierra más sobre el delantero sobre el que se vuelca el juego; si el balón sale jugado, el hombre rápido de ataque va más sobre el central, Xavi coge posiciones más retrasadas y el pivote defensivo presiona al medio que la toque; si tienen un extremo peligroso, cuidado en las ayudas… Todo para recuperar rápido y desplegar su juego.

El modelo del luso es similar, pero a la vez distinto, tal y como hoy se ha visto. Mientras Pep habla del rival para evitar que su equipo sea el centro de atención, Mourinho llega incluso a focalizar la presión sobre sí mismo, dando más tarde al vestuario un mensaje en clave espartana.

Da imagen de prepotente no porque lo sea, sino porque así es el personaje que crea para que el equipo funcione. Porque sólo comandado por un gran general, puede triunfar un buen ejército. “Todos somos uno, y no tenemos miedo. Defendemos y atacamos como grupo. Como falange”.

En el plano comunicativo, tanto Guardiola como Mourinho dan a la prensa de comer y logran trabajar el aspecto psicológico en la medida que quieren. Exponen una 4-3-3 en la que las presiones y permutas de los unos se dan en función de los defectos del rival y las ayudas y el conjunto de los otros se convierten en una muralla casi inqueblantable.

Aunque todo el mundo destaque el juego combinativo del Barça, ahí radica el éxito de Pep. Como Mou, habla a sus jugadores en clave defensiva, con la diferencia de que la defensa de uno está treinta metros delante de la del otro; lo cual provoca que las transiciones, y por tanto el trato del balón, sean también diferentes, como de hecho son.

De cara a la galería, uno puede parecer humilde y simpático; y el otro dar muestra de prepotencia y chulería. En consecuencia, diferentes, pero a la vez iguales. Como a la hora de mostrar sobre el césped sus credenciales, todo está estudiado.

Nada en el fútbol falta por ser inventado, pero sí queda algo por explotar: El coaching mental. Guardiola y Mourinho exprimen la nueva corriente al máximo. Porque no todo el fútbol está en el verde. Diferentes u opuestos a la hora de jugar y motivar, prepárense, porque algo sí es seguro: con el uno y con el otro, vamos a disfrutar.