Cuestión de proyectos

A falta de la pertinente firma de su nuevo contrato con el Chelsea de Roman Abramovich y en contra de los esperado, André Villas-Boas no afrontará el reto de competir con su gran Porto en la máxima competición europea la próxima temporada.

Parecía que así sería, después de que rechazase ocupar el banquillo del Inter de Milán. Sin embargo, será Vítor Pereira quien afronte el reto de dar continuidad a un proyecto que ha sido descabezado y que podría también ser desmembrado.

Difícil reto para un entrenador de 42 años cuyas únicas experiencias como primer espada en un banquillo han sido en modestísimos equipos de la segunda y la tercera categoría del fútbol portugués.

En la última de ellas estuvo cerca de devolver al Clube Desportivo Santa Clara a la 1ª Liga siete años después de su última participación en la máxima competición lusa. De ahí lo reclutó como técnico ayudante Villas-Boas para sus dragões tras su paso por Coimbra.

A pesar de su escaso bagaje como técnico, nulo en un banquillo de la exigencia del portista, juega con la ventaja de que tampoco su predecesor conocía el fragor de la batalla, y sin embargo superó cualquier tipo de expectativa con el póker de títulos.

Apenas conocida la marcha de André Villas-Boas, Pereira fue confirmado como encargado de evitar una transición, quizá traumática, como la que podría haber implicado el firmar a otro técnico de diferentes métodos.

Si bien el hecho de haber trabajado junto a Villas-Boas no asegura que el nuevo técnico principal vaya a continuar con el mismo patrón de juego, menos probable parece que así fuese a ser con la contratación de Rui Faria.

El segundo de José Mourinho ha sido apuntado por diversos medios como alternativa o incluso como primera opción desde el momento en que se hicieron fuertes los rumores del cambio de técnico en Do Dragão.

Conocedor de la plantilla y la estructura, el perfil de Vítor Pereira parece más proclive a seguir con el juego de toque instaurado que alguien que bebe de unas fuentes más directas e intervencionistas como es Faria.

Ciertamente, lo lógico en estos casos es destacar los valores de la entidad por encima de la personalización de los éxitos, pero de que el ex de Santa Clara haya hecho especial hincapié en la importancia del actual bloque a la hora de alcanzar éxitos por encima de la persona invita a pensar que su contratación responde a un afán continuista.

Por más que Pinto Da Costa sea un durísimo negociador, el gran problema con el que Pereira puede encontrarse es la posibilidad de desmantelamiento del equipo por parte del futuro entrenador ‘blue’.

La columna vertebral del equipo, formada por Rolando, Fernando, Hulk y Falcao, suscitaba muchas miras después de su excelsa temporada. Del Chelsea se hablaba incluso cuando Hiddink era el favorito para el banquillo londinense.

Confirmado el pago de la cláusula de rescisión de su ya ex entrenador, Freddy Guarín, João Moutinho y los cuatro citados entran en las quinielas de muchos para la regeneración que Roman Abramovich acometerá este verano.

Ésta comenzó ya en el pasado mercado invernal con los fichajes de dos jugadores de la calidad de David Luiz y Fernando Torres, hombres que a corto plazo deben convertirse en piezas clave en el equipo.

El central brasileño lo hizo ya en el tramo final de la temporada, en el que no le pesaron ni el cambio de campeonato ni de registro competitivo. Hizo varios tantos y se confirmó como uno de los mejores del mundo en su puesto.

John Terry lo ha sido. Por su jerarquía sobre el césped, para muchos todavía lo es. Sin embargo, podría perder parte de ese peso si Villas-Boas entendiese el fichaje de Rolando como prioridad y éste llegase.

Puede no parecerlo por la presencia del gran capitán, pero lo cierto es que es uno de los hombres en los que más se ha apoyado el técnico luso en la temporada finalizada. Con David Luiz formaría, quizá, la mejor pareja del mundo.

El brasileño aportaría una salida depurada de balón, incorporación desde atrás y mucho peligro a balón parado, algo que podría ofrecer también el portugués de origen caboverdiano, más veloz en el corte y expeditivo.

Caso similar al de John Terry podría ser el de Michael Essien en caso de que la cúpula deportiva decida apostar por el brasileño Fernando para competir por la posición de pivote defensivo.

Como el que fuera jugador de Os Belenenses, Fernando era uno de los favoritos para salir días atrás. En el punto de mira del Málaga, Olympique Lyonnais pretendía negociar por él. Él era receptivo a esa opción, pero ahora podría darse un cambio de planes.

No obstante, apuntan más bien los medios lusos hacia el interés de Villas-Boas por llevarse consigo a João Moutinho, jugador que llegó con él a Porto procedente del Sporting CP y que después de varios años oscuros volvió a mostrar un gran nivel.

Aunque no es el portista con más nombre, la elección responde a la necesidad de contratar un ‘6’, ese organizador silencioso que duerme el balón y lo esconde del rival hasta que encuentra la mejor opción de ruptura de la línea frontal.

Las cualidades del incipiente Josh McEachran hacen pensar que el juvenil podría cumplir ese rol después de irrumpir con fuerza en los minutos que le brindó Carlo Ancelotti, aunque su juventud aconseja pocas prisas.

El adolecer de este perfil organizador ha sido una de las claves del fracaso del Chelsea a lo largo de la temporada finalizada, no tanto por el perfil en sí mismo como por el hecho de que en el pasillo contrario no hubiese regularidad.

En esa zona del ‘8’ seguirá apareciendo Frank Lampard, a menos que el rumor sea verdaderamente antesala de la noticia en lo que atañe al croata Luka Modric, quien podría cambiar el norte de Londres por el oeste.

A pesar de que su nombre está siendo más bien ligado al puesto de organizador, el balcánico es el perfecto enlace entre líneas, un hombre tan capaz de crear y dar pausa como de correr y batir la línea rival llegando desde posiciones atrasadas.

Más que un Xavi o un Moutinho, perfiles inexistentes en los últimos éxitos del Chelsea, Modric sería para Villas-Boas lo que Iniesta para Guardiola o lo que el colombiano Freddy Guarín en el Porto del póker.

El ex de Boca Juniors y Rennes es otro hombre que podría encajar perfectamente en la regeneración ‘blue’, aunque pensar en un trasvase de tales envergaduras entre Porto y Londres es demasiado descabellado.

Pinto Da Costa tiende a vender caro, pero a hacerlo, al fin y al cabo. No obstante, igual que tiene fama de duro negociador ha de señalarse también su mentalidad ganadora, por la cual es difícil proyectar un mercado estival con más de dos o tres ventas a menos que los interesados abonen las pertinentes cláusulas.

En una escala de fichajes prioritarios procedentes de Portugal podríamos encontrarnos con el Hulk por encima de cualquiera de todos los anteriormente citados, pues es, quizá, el perfil más difícil de encontrar.

Extremo con capacidad para jugar en cualquiera de los dos costados, suele hacerlo por el derecho, el natural. Su velocidad y fortaleza física encuentran sólo parangón en el panorama internacional en Cristiano Ronaldo.

Sin embargo, pese a que estas cualidades son las que se tienden a destacar, ‘el increíble’ Hulk es mucho más. Ve puerta con suma facilidad y es, con Guarín, el jugador con mayor habilidad técnica de su equipo.

La presencia de Fernando Torres invita a pensar en que el fichaje de Radamel Falcao es menos necesario de lo que algunos medios lusos y británicos apuntan. Si Villas-Boas se decanta por jugar con una 4-3-3, un jugador como Neymar o Kun parece más necesario.

Cualquiera de los dos podría ser la otra punta de lanza lateral, mientras que hacerse con Falcao obligaría al ‘Niño’ a alejarse del área y partir quizá desde la izquierda, pues es seguro que Radamel sería el nueve puro.

A priori, si tuviésemos que elaborar una lista de prioridades con los portistas citados, en atención a las necesidades del Chelsea, en primer lugar no encontraríamos a Hulk, seguido de Moutinho/Guarín, Falcao, Fernando y Rolando.

Los tres últimos han formado parte de la columbra vertebral de Oporto en la temporada finalizada, pero jugadores como Torres, Essien o Terry relegan la posibilidad de acometer su fichaje a un segundo plano.

En el primero aparecen Hulk, un jugador que vendría a sustituir al marfileño Drogba; y Guarín y Moutinho a la par, como signo de la necesidad de firmar un organizador o un llegador en función de qué llegue de otros clubes y de los planes de Villas-Boas con respecto a McEachran y Lampard.

Por el afán continuista antes citado en el caso portista y por el enorme desembolso que supondría firmar a seis jugadores de un mismo equipo de una tacada, el trasvase podría reducirse a dos o tres de los nombrados.

Lo que parece claro es que, después de varios años de menor inversión, Roman Abramovich pretende devolver a su equipo al primer escalafón del fútbol europeo. Así lo indican las firmas millonarias de David Luiz, Fernando Torres y Villas-Boas, y también las que están por llegar.

Después de no lograr hacerse con la Champions League con ninguno de los proyectos precedentes, volverá a tirar de talonario para intentar hacerlo con la versión 2.0 de José Mourinho.

En la comparación entre portugueses ha de hablarse en término evolutivos, no comparativos, pues si bien ambos han trabajado juntos y tienen en común el ser dos de los máximos exponentes de la periodización táctica, son diversas las diferencias entre uno y otro.

Tal y como ha manifestado el nuevo manager londinense en varias ocasiones, él está más próximo en determinados aspectos a Bobby Robson, maestro de los dos, que al propio José Mourinho.

Da mayor importancia al cocinado de la jugada que el técnico madridista y se apoya más en su equipo de lo que lo hace Mou, amigo del trabajo específico pero más personalista en la globalidad de una sesión preparatoria.

A nivel de vestuario es un hombre más cercano, próximo incluso a la autogestión. Prueba de ello es la vital importancia de Helton o Hulk como capitanes de la plantilla; frente al protagonismo de Mourinho en las crisis por encima de los suyos.

No es cierto, pues, que André Villas-Boas sea el nuevo Mourinho, a menos que esto se entienda en términos de sorprendente irrupción en los banquillos y de trayectoria, bastante pareja aunque más fugaz la del portuense.

No cabe duda de que en los años que han trabajado juntos André habrá aprendido de José, pero ello no es óbice para obviar unas diferencias que pueden continuar si el Chelsea deja de representar el fútbol directo y de músculo a partir de agosto.

Entonces, Porto deberá haber superado ya el golpe que supone perder a un técnico por el que todos apostaban como continuador del trabajo iniciado en la próxima edición de la Champions League.

A pesar del cambio en el banquillo, se han sentado las bases para un proyecto de larga duración en el que la exigencia será mayor cuanto mayor sea la capacidad de Pinto Da Costa para retener a las estrellas y de Pereira para empatizar con ellas.

Una de las mayores razones por las que se debe creer en el proyecto, pese a la salida de su cabeza pensante, es la juventud de la práctica totalidad de su once de gala, extrapolable incluso a los jugadores que suelen ser utilizados de refresco.

Choca, por este motivo y por su propia juventud, que André Villas-Boas no haya apostado por ser ambicioso en su propia casa, en el club del que es seguidor. El tren cogido es el primero de muchos que se le presentarán, igual de ambicioso que el nuevo y con unas bases ya sentadas.

Sin el estratega al mando son mayores las reservas suscitadas sobre cómo reaccionará el equipo en la Supercopa de Europa y próxima Champions League, máxime si alguno de los teóricos titulares sale.

Incluso en la competición local se pueden presentar nuevas oportunidades para Benfica y Sporting CP, dos equipos que se están moviendo en el mercado con celeridad y aparente acierto.

Ni tan siquiera un mayor salario parece motivo suficiente para la salida de André Villas-Boas en dirección a Londres. Dentro de sí, es de suponer que los habrá. Si no había dudas de que en Portugal lucharía desde ya por la Champions, menos las hay de que lo hará en Inglaterra.

Porto, en cualquier caso, debe lamerse pronto sus heridas. Y si salen los Falcao, Hulk o Fernando, reinvertir las cantidades obtenidas por sus pases en hombres que puedan ofrecer un rendimiento aproximado a corto plazo. Igual que Villas-Boas, ellos también merecen luchar por lo más alto.

Villas-Boas no es Mourinho

Pocos equipos en el último lustro han provocado mayor ruido con su irrupción en el panorama internacional como el Borussia Dortmund de Jürgen Klopp y el Porto de André Villas-Boas en la temporada que está próxima a su fin.

Mientras los alemanes mostraron su solvencia sólo en la Bundesliga, los dragones lusos han hecho extensible su dominio a la Taça de Portugal y la Europa League, donde se encontrará con equipos aparentemente inferiores.

La facilidad con que los dragões se han ido deshaciendo de sus rivales dentro y fuera de la antigua Lusitania de la mano de un jovencísimo técnico ha llevado a muchos a comparar a André Villas-Boas con el mismísimo José Mourinho.

Uno de los motivos que llevan a establecer dicho paralelismo son los años que han trabajado juntos ambos técnicos, después de conocierse en aquellos tiempos en que José Mourinho se ganó el apodo de traductor.

Los dos fueron también precoces en salir de las faldas de su correspondiente coach. Mou lo hizo con 37 años, época en la que era ya segundo de Louis Van Gaal. André, quien con 21 años dirigió varios encuentros a la selección de las Islas Vírgenes Británicas, dejó con 31 al hoy entrenador del Real Madrid.

Después de ocho años siendo “sus ojos y sus oídos” en Porto, Londres y Milan, Villas-Boas cogió las riendas del Académica de Coimbra, desde donde luego voló a su ciudad natal para entrenar a su actual club.

Tras un efímero paso por el Benfica, Mourinho se hizo en su día cargo del modesto Uniao Leiría antes de iniciar su tiranía en los banquillos. En su primer año completo con el Porto arrebató el título liguero al Sporting, tal y como Villas-Boas acaba de hacer con el otro grande de Lisboa.

Precisamente con el técnico benfiquista, Jorge Jesus, es con quien más dimes y diretes ha tenido frente a los micrófonos, en un entorno mediático que José Mourinho maneja a la perfección.

Mantiene Villas-Boas que él tiene “más de Robson que de Mourinho”. Pese a la periodización táctica y las semejanzas que mantienen sus equipos en algunos aspectos del juego, es probable que así sea.

Si comparamos los dibujos con que uno y otro triunfan, vemos que el portuense jamás se aparta de una 4-3-3 que el setubalense ha utilizado nada más que en el carrusel de enfrentamientos contra el F.C.Barcelona.

Incluso en aquellos casos, la elección de Mourinho en el centro del campo pasaba por el uso de hombres de un perfil más rocoso que el que acostumbra utilizar de la partida con André Villas-Boas.

Mientras el técnico merengue apuesta en defensa por dos centrales fuertes y expeditivos, cuyos riesgos en la salida de balón son casi nulos; Porto utiliza más a la pareja interior para iniciar jugada en corto.

Si atendemos a la defensa con que Mou fue campeón en Portugal, vemos que ya entonces era importante para él la jerarquía de Ricardo Carvalho, entonces acompañado por Jorge Costa. El mayor parecido lo encontramos en los laterales, donde topamos con jugadores físicos y que se suman al ataque de forma asimétrica.

Volviendo a la zona ancha, vemos como en Porto Mourinho sí utilizaba tres jugadores. Pedro Mendes era el hombre más retrasado, Costinha el todoterreno y Maniche el llegador. Estos perfiles fueron cubiertos recientemente de forma similar por Xabi Alonso, Pepe/Lass y Khedira/Pepe.

Si bien aparecen definidos de la misma forma los perfiles de ‘4’, ‘6’ y ‘8’, la calidad técnica de Fernando, Moutinho y Guarín es mayor a la media de entonces. A su vez, el poderío físico de aquella era mucho mayor que el actual.

Mientras los tres viejos gladiadores ocupaban preferiblemente los pasillos interiores, Freddy Guarín aparece habitualmente junto a la línea de cal con la finalidad de hacer al equipo ancho y profundo.

Con ello colabora en el lado contrario del campo Cristian “Cebolla” Rodríguez, a imagen y semejanza de lo que ocurre en el Fútbol Club Barcelona con Iniesta en la media y Pedro en la línea de tres atacantes.

He aquí otra diferencia con la línea de tres mourinhista. Hace escasas fechas hemos podido ver a Mesut Özil haciendo las veces de enlace entre centro del campo y ataque, tal y como Deco hizo en el Oporto de Mou.

En el actual de Villas-Boas, el jugador con querencia a irse hacia adentro no busca una mayor implicación con la creación, sino posiciones de tiro con continuas diagonales. Esto es, no trata de llegar, sino que está.

Esta diferencia podría ser vista como similitud, de no ser porque frecuentemente Deco retrasaba su posición, por lo que el dibujo pasaba a ser una 4-4-2 con una superpoblación interior inexistente en los planteamientos de Villas-Boas.

Si por algo se ha caracterizado José Mourinho a lo largo de su carrera como entrenador ha sido por un pragmatismo feroz que no encuentra parangón en André, ni tampoco en una armonía entre las líneas que ha convertido a sus equipos casi inquebrantables defensivamente hablando.

En sus dos temporadas y media como entrenador del Porto, José Mourinho logró cinco títulos nacionales y dos internacionales gracias a la fortaleza física y mental de un equipo que tenía a Deco como jugador más fantasioso.

El juego directo e interior es algo que ha acompañado al de Setúbal durante todos estos años. Acompañado de unas líneas juntas y solidarias, sus equipos son máquinas que basan su fortaleza en la seguridad defensiva y una rápida transición que ha convertido al actual Real Madrid en el mejor equipo del mundo jugando a la contra.

En este sentido, André Villas-Boas ha demostrado haber aprendido mucho y bien de su primero compañero y luego jefe, pues su equipo ha demostrado en varias ocasiones a lo largo de la temporada que es capaz de aguantar y rematar, manteniendo siempre la amplitud de campo.

No obstante, no es este el plan predefinido. El actual Porto tiende a buscar al rival en su propio campo con una presión asfixiante que provoca muchas pérdidas de balón en la salida, también de forma similar a lo que realiza el Barça.

Parece, con todo, arriesgado hablar de André Villas-Boas como el nuevo José Mourinho. Ciertamente, existen similitudes entre uno y otro, especialmente en lo que a trayectoria se refiere; pero también son diversas las diferencias existentes, tanto en el Porto que cada cual convirtió en campeón como en el camino seguido para hacerlo.